En medio de esta normalización del espanto llegará julio, seguramente recargado de promesas de seguridad y del ya clásico «aumento de pie de fuerza» que, lamentablemente, casi nunca pisa las llagas que sí hay que pisar.

Como quien no quiere la cosa (porque adivino el resultado) termino metido en las judiciales del periódico para saber cómo le ha ido a Bucaramanga en este, el mes dedicado a la diosa Juno, protectora de la familia y guardiana de la fertilidad. ¿Y qué me encuentro? Por decir lo menos, un espectáculo lúgubre, una cascada de «infamias horrendas». Junio, apreciado mes, no le has dado a la ciudad un solo momento de tregua.
Para la mañana del 1 ya se reportaba un ataque sicarial contra una mujer en el norte (aquí la noticia) y, como si fuera poco, a las 3 de la tarde del mismo día se hablaba ya de otro ataque a bala. El saldo: un muerto en la carrera 23 con 12 (leer aquí). Tan solo 40 minutos después de este segundo asesinato, ya le tocaba a la sección judicial actualizarse para reportar un nuevo hecho: un «Hombre asesinado en presencia de su madre», rezaba el titular sensacionalista (lea aquí la noticia).
Ese mismo domingo, para que en cualquier caso nadie se fuera a dormir con la sensación de una ciudad pestífera y mortal, las noticias nos entregaban, ahora sí, un caso esperanzador, testimonio de la sana convivencia y la elegancia bumanguesa: un concejal del Partido Conservador había ingresado de urgencias a una clínica tras ser herido con un «pico de botella» en una presunta riña (leer aquí).

Para el 2 y 3 de junio los reportes escalofriantes regresaban: un menor de 17 años asesinado en el barrio San Cristóbal (léase aquí), otro asesinado en La Esperanza por 6.000 pesos (aquí la noticia) y, por último, un adolescente de 13 años apuñalado en medio de un atraco (a causa de las heridas perdió uno de sus riñones) (lea aquí la noticia).
Con los días, se siguen una tras otra las riñas (véalo aquí), las noticias sobre microtráfico (consulte aquí); más homicidios y sicariatos (lea aquí) (y aquí) y, para cerrar la primera semana del mes, un intento de asesinato con arma de fuego (consulte acá). Esto, insisto, solo para cerrar la primera semana.
Empezando la segunda semana se reportaron más atracos (léalo aquí), una pelea a machete (lea aquí), un asalto a cuchillo en el norte —al asaltante le dicen «pechuga»— (aquí la noticia), y otro en el parque Bosque Encantado que dejó malherida a una mujer (acá la noticia).

Entrando en la mitad del mes se reportaron riñas en el centro (léase aquí), raponazos en Cabecera (aquí), más asesinatos (léase acá) y, en la madrugada del 16, se recogieron las noticias de un individuo tiroteado en Zapamanga (consulte acá la noticia), junto con el caso de un cuerpo que había amanecido tendido y baleado en el norte (acá la noticia). Un par de horas después, en un intento de atraco, un delincuente cayó muerto en la carrera 33, frente a la Plaza Guarín, ante la mirada de decenas de ciudadanos (aquí la noticia).
El 17 se reportó más carnicería (leer aquí) y, para el 20, es decir hace siete días, se habló de una balacera en el viaducto de la Novena (ver aquí). De hace cuatro días hay otra noticia de un homicidio relacionado con el microtráfico (ver aquí) y del miércoles 25 un asesinato. ¿En dónde? En plena carrera 27 (consúltelo aquí).
Junio, mes de tibios cielos vacacionales: no has hecho honor a tu fama de renovación, al menos en la otrora Ciudad Bonita… Y, sin embargo, las autoridades insisten —como si repitieran un mantra zen aprendido en un seminario de autoayuda— en que «los indicadores de seguridad han mejorado», en que «la percepción está alterada», y en que el tal «plan candado está funcionando».
En medio de esta normalización del espanto llegará julio, seguramente recargado de promesas de seguridad y del ya clásico «aumento de pie de fuerza» que, lamentablemente, casi nunca pisa las llagas que sí hay que pisar.










