La oportunidad está en saber que nunca dejaremos de aprender. Y para aprender algo, primero hay que ignorarlo.
Tarde o temprano la gente se pregunta si se queda o se va de su ciudad, de su casa o de su país. Esta pregunta surge a distintas edades, en circunstancias adversas o favorables; parece que siempre habrá otro lugar en el mundo que nos llama o nos espera. Y la pregunta reaparece cuando ya no se sabe qué hacer con la vida en ese “otro lugar”. A veces pasa lo contrario: esa pregunta no se repite, pues su respuesta nos encontró antes de volver a preguntar.
En todo el mundo hay migraciones, no es un tema de hoy. Tiempo atrás, las sociedades se conformaron entre migrantes: personas con necesidades particulares, que asumen el valor o la obligación de “dejar atrás” casi todo lo que hace parte de sus vidas, incluso lo más significativo. ¿Es parecido dejar Latinoamérica para irse tras una oportunidad laboral en Europa, que venir de un país vecino a una ciudad como Bucaramanga? ¿Da lo mismo dejar Bucaramanga para irse a Estados Unidos a buscar esa oportunidad que no se encontró aquí? Quién sabe. Pero en Santander se acostumbra decir que “Quien pisa tierra santandereana es santandereano”. Esta afirmación, que se inspiró en la Constitución de 1857 —cuando se proclamó el Estado Federalista de Santander—, hace parte de un imaginario oportuno de revisar para hacer algo en favor de la sociedad.
Años atrás, alguien que ahora vive en Bogotá vino a Bucaramanga. Él recordaba lo que significaba caminar por la carrera 27: “me sentía en una ciudad grande”. El tamaño como el sentido de las cosas son asuntos relativos. Hoy Bucaramanga tiene grandes espacios sociales y muchas cuestiones por resolver en favor de su gente; de la que viene de paso y de la que vive aquí. También tiene muchos logros que algunos verán y otros aún no. La semana pasada, una santandereana regresó a su ciudad: la maestra Beatriz González, mediante la obra en tributo a su carrera que permanecerá en la Galería Tótem hasta principios de agosto. Y el fin de semana, en esta “nueva Bucaramanga” donde la cultura y el arte encuentran su lugar, también regresó un grupo de escritores que migraron a otras ciudades y países a desarrollar sus profesiones, pero no dudaron en acudir a Voces feroces, la feria de editoriales independientes de Bucaramanga, en el Museo de Arte moderno.
¿Irse, permanecer o regresar? La oportunidad está en saber que nunca dejaremos de aprender. Y para aprender algo primero hay que ignorarlo. Aprendamos de la vida con todo lo que pone a nuestro alcance, como exposiciones y ferias de escritores. Quizá en el arte hallaremos la respuesta a la pregunta que aún no nos hemos formulado.










