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Miércoles 23 de julio de 2025 - 01:00 AM

La casa deshabitada I

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Una casa se construye con cimientos fuertes; el cariño, la comprensión y lo que se deposita en ella son los materiales de esta morada. Pero lo más importante son las personas que la habitan. Una casa se construye desde lo más simple o rudimentario: a veces las viviendas se levantan con tablas, después con paredes de ladrillo. Y lo más importante de allí siguen siendo las personas. La familia que habita la casa, independiente de su diseño, hace posible convivir o procurar convivir en paz y armonía.

Bucaramanga crece en número de habitantes; familias de diferentes tipos (monoparentales, tradicionales, etc.), hacen hoy una Bucaramanga más poblada. Una ciudad, como una casa, se construye con cimientos fuertes. En La ciudad bonita de Colombia, estos cimientos se renuevan según la disposición territorial de los gobiernos de turno y de la labor de sus despachos, secretarías, divisiones y entidades territoriales en general. ¿Sigue siendo la gente lo más importante, al hablar de una ciudad como una casa?

El casco antiguo de Bucaramanga, ese sector que desde años atrás hemos visto remodelarse (a veces con la incomodidad que generan estas obras de construcción) se convierte en la excepción al caminar por este sector. No hay afán para el transeúnte, ni para el que pasa por allí y se detiene a tomar una foto, a descansar, a buscar una bebida o una dirección cercana al centro de Bucaramanga.

Hoy Bucaramanga, bueno, la que cada uno conoce a su manera, revive actos heroicos preservando el legado de muchos que estuvieron antes pero que quizá son semejantes a quienes hoy trabajan y se ganan su sustento con sus oficios, profesiones, artes y labores. Porque destinan algo de su esfuerzo a contribuir con el crecimiento de La ciudad bonita. Claro, este es un tema que trasciende las fronteras de la política y que constituye el valor y el amor por quienes permanecen viviendo en esta ciudad e incluso entre quienes, desde el exterior, siguen llevando lo más bonito de su ciudad en su corazón.

Esta columna de opinión se basa en la crónica de una estudiante, en equipo con una institución educativa, que desde sus inicios se construyó para brindar lo que se denominaron “carreras intermedias” o carreras tecnológicas.

En una siguiente columna continuará este relato sobre alguien que, habitó su casa en Bucaramanga y su nombre permanece allí donde nació. Es la casa de José Custodio Cayetano García Rovira, o como se nos enseñó en la escuela “Custodio García Rovira”, nombre de un conocido parque de la ciudad. Para mí es importante recordar que una institución educativa lleva su nombre, pero ese tema hará parte de una siguiente entrega de La casa deshabitada.

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