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Jueves 24 de julio de 2025 - 01:00 AM

La oposición falló

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En una democracia gobierno y oposición tienen una responsabilidad enorme. El primero conduce las políticas públicas de acuerdo con su ideología, al tiempo que debe facilitar las condiciones para la rendición de cuentas. La segunda, debe no solo ejercer con lealtad la vigilancia de la acción gubernamental sino proponer alternativas a los ciudadanos para ser opción de poder. Y como en este país abunda quien señale los yerros del gobierno, esta columna analiza el papel de la oposición.

Todavía recuerdo la triunfal confesión del exsenador Juan Carlos Vélez, gerente del No en 2016, quien dijo haber cumplido al pie de la letra el consejo de asesores extranjeros para dejar de explicar el contenido del Acuerdo de Paz y a punta de mentiras hacer que la gente votara emberracada.

De entonces hasta hoy, la estrategia de la oposición no ha cambiado mucho: en una especie de cuanto peor mejor, obstaculiza la acción del ejecutivo para generar indignación entre los ciudadanos y luego, autoproclamándose vocera de ese desencanto volve al poder.

En esa línea estratégica hay que analizar las diatribas de la oposición en la instalación de las “muy ordinarias” cesiones del Congreso. Frente al reporte de la gestión del gobierno con un presidente, que citó datos y cifras concretas; la respuesta de la oposición como en la campaña del Plebiscito, no fue una réplica contraargumentando con base en hechos, para eso se necesitan cuadros que tengan el país en la cabeza; sino como de costumbre una catarata de argumentos ad hominem: ¡mentiroso!

Para la muestra la intervención de la representante Lina Garrido convertida en la nueva vedette de la vocinglería y quien sin sonrojarse se atribuyó la representación de los 11 millones de ciudadanos que votaron por el cambio; pese a militar en Cambio Radical, uno de los partidos más corruptos de este país; pese a que su padre fue destituido por la gobernación de Arauca debido a aparentes irregularidades en el manejo de recursos para la educación y a pesar de haber sido apadrinada por José Facundo Castillo exgobernador de Arauca a quien la Corte Suprema condenó por corrupción.

Por su propensión al insulto y a la superficialidad frente a los problemas de la gente, la oposición se tornó sosa, como diría el expresidente Uribe, y no puede seguir fallándole al país si de verdad quiere derrotar al progresismo en las urnas en 2026, porque por el bien de Colombia, la próxima campaña debe ser con propuestas creativas y esperanzadoras; nocon gritos y mentiras.

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