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Sábado 02 de agosto de 2025 - 08:25 AM

La mala identidad

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Los llamados a la unión de la sociedad, superando las polarizaciones, son plausibles y necesarios, pero hay que tener mucho cuidado para no irnos por el camino equivocado. Unir la sociedad sin reconocer las diferencias de culturas e ideas, puede profundizar la fractura. ¿Qué tiene que ver un gringo de Nueva York con uno de Missouri o Alabama? o un adolescente de Barrancabermeja con otro de Tona?, pues poco. Lo que señalo es la inutilidad de tratar de unirnos como comunidad solamente a través de algo tan inestable como la malentendida ‘identidad’. La pertenencia a un grupo no tiene que implicar claudicación de la diferencia; somos amasijos de costumbres y rasgos diversos. Hay también ‘identidad’ con multiculturalidad. No somos todos ‘lo mismo’.

Decía el filósofo polaco-británico Zigmunt Bauman (1925) en una fascinante recopilación de sus ideas sobre la materia que se tituló, por supuesto, “Identidad” (2005, Edit. Losada), que la identidad es “algo que hay que inventar en lugar de descubrir (…)”, y luego hay que pelear por ella para protegerla encarnizadamente. Y se refería al amarre de ideas y principios diversos que integramos para satisfacer nuestro deseo de pertenencia -pero no de uniformidad-. “Existen diferencias que limar o que paliar o que, por el contrario, hay que agudizar más y hacer más legibles” (…) las ‘identidades’ flotan en el aire, algunas elegidas por uno, pero otras lanzadas por quienes nos rodean. Es preciso defender a las primeras de las segundas”. Impecable. Para que explicar lo que alguien ha dicho tan bien. Hoy día, comprobamos, como dice Bauman, “la condición por siempre provisional de la identidad”. Se diluye en un descuido.

Lo que realmente nos une, no es un acento, una grosera mueca de moda, ni menos ese mal habido carácter pendenciero que afortunadamente no nos obliga. Sentirnos santandereanos por gritones y frenteros es un tristísimo reduccionismo. Si las autoridades escolares y la prensa locales exaltaron alguna vez nuestro pasado, fraguador de ‘identidad’ (de valores e ideas), tendríamos que sentir todos en la piel el sacrificio de nuestros antepasados por la libertad, la legalidad por encima del despotismo, y nuestra capacidad de romper la polarización y seguir juntos adelante. La Academia de Historia de Santander está llena de publicaciones que dan fe de nuestro ADN, forjado entre contiendas y paz conquistada a pulso. Desde la gesta comunera, el general Santander, las Sociedades Democráticas, el Estado Soberano, la guerra de los mil días, y tanto más que no enlisto para llegar apenas rozando al comienzo del siglo XX. Es bueno pasearse por episodios de nuestra historia para sacar la atención del pleiteo entre pelagatos y elevar la frente hacia el porvenir como siempre.

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