Muchos cementerios públicos en muchos países son considerados lugares históricos y culturales, incluso turísticos. Recorrer sus callejones y reconocer nombres de personas que han forjado la historia o de familias cuyos apellidos están íntimamente ligados a la política o la actividad empresarial, es una experiencia interesante con la que se hace turismo.
En Bogotá los cementerios distritales y particularmente el cementerio central tienen esta connotación histórica. Desde el General Santander hasta presidentes, políticos de distintas vertientes y líderes del Siglo XIX y XX tienen su espacio de recordación. Muchos dejaron una impronta imborrable en la vida de la Nación, entre ellos dos ilustres santandereanos: Gabriel Turbay y Luis Carlos Galán, ubicados en el corredor central de acceso, indicando que su memoria ha de generar especial motivo de reflexión. Artistas, empresarios y dirigentes sociales son visitados con frecuencia por ciudadanos, estudiantes y familiares, todos interesados en conocer o reconocer el pasado.
Pero no se trata solo de personas, también instituciones. Las fuerzas militares, comunidades religiosas y sindicatos o asociaciones disponen de hermosos mausoleos donde reposan los restos de sus dirigentes o vinculados. Por eso, los cementerios aunque son públicos tienen un alto porcentaje de propiedad privada, es decir, que las construcciones a su interior corresponden a estas familias u organizaciones que históricamente han adquirido, diseñado y construido los espacios para albergar cuerpos o cenizas de sus allegados. Lamentablemente no todos los responsables vivos mantienen adecuadamente dichos espacios y muchas infraestructuras valiosas se encuentran en franco deterioro.
Similar situación podríamos advertir del cementerio particular en Bucaramanga. Allí se encuentran los restos de líderes empresariales, sociales y políticos, pero desafortunadamente, quienes debemos mantener esa memoria histórica no hemos hecho lo necesario para conservar la propiedad y convertirla en espacio de reconocimiento de dichos valores de nuestros antepasados. En su borde se había previsto hace años un denominado “carreteable” que conectaría la Calle 45 con el Barrio Gómez Niño, bordeando la escarpa occidental. Después ese diseño se modificó por un puente que generaba menor afectación ambiental y que permitiría conectar el barrio Chorreras de Don Juan con la comuna 7. Como ninguna de estas obras se ha hecho realidad, el cementerio sigue allí sin mucha visibilidad y su mantenimiento es un pendiente a cargo de los propietarios.
Recuperar la historia con todos sus matices y los valores culturales en memoria de quienes nos antecedieron debería ser de interés de los familiares vivos y enseñar a las nuevas generaciones el valor y el significado de lo nos debe generar orgullo o dolor. Incluso podría permitirnos recuperar principios que hoy parecen en desuso, como la honorabilidad, la palabra y la valentía. Reconocer errores y aciertos pasados, debería ser importante.











