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Columnistas
Domingo 10 de agosto de 2025 - 01:00 AM

Sin conflicto moral frente a Uribe

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Jubilosos se encuentran los integrantes de la extrema izquierda por el fallo condenatorio de la juez Sandra Heredia contra el expresidente Álvaro Uribe, al tiempo que pretenden enfrentarnos a los demás, de manera manipuladora, al falso dilema de tener que escoger entre acatar el absurdo fallo de la juez, sin controvertirlo, o graduarnos de antidemocráticos, si osamos cuestionar la sentencia o apoyar a Uribe.

Debo decir con claridad que yo no encuentro contradicción entre ser un demócrata que respeta la institucionalidad y a la vez estar en desacuerdo (que no es lo mismo que el irrespeto o desacato) con un fallo politizado de una juez evidentemente parcializada que desestimó sin justificación el testimonio de los testigos de la defensa, pero dio credibilidad al de delincuentes como Monsalve (testigo demostradamente mentiroso); y que aceptó pruebas obtenidas ilegalmente -y/o manipuladas- de las que no se preservó la cadena de custodia; entre otros exabruptos.

Curiosamente, ese dudoso actuar y la polémica decisión de la juez, que se constituye en un gravísimo precedente, no le incomoda en lo más mínimo a esa izquierda recalcitrante. Ahora bien, en gracia de discusión, eso es entendible: para tener conflicto moral, se necesita primero tener una base moral sólida y clara. Al flaquear ésta, se pierde un referente contra el cual contrastar el actuar propio y ajeno y, por lo tanto, se allana el camino para la doctrina del “todo vale” y la de que el fin (apresar a Uribe y debilitar a sus contradictores políticos) justifica los medios. Ya vimos cómo “cancelan” a la oposición.

También intentan forzar una falacia lógica al concluir que este fallo, que condena a Uribe por soborno en actuación penal y fraude procesal, confirma la absurda e infundada tesis de que él fue promotor del paramilitarismo y responsable del asesinato de miles de jóvenes inocentes.

Creo en su inocencia y en que los objetivos cuestionamientos que se le pudieran hacer languidecen frente a la contundencia y magnitud de todo lo bueno que ha hecho por Colombia: por darnos esperanzas; por impedir que llegáramos a ser un Estado fallido a comienzos de este siglo; por ser el Gran Colombiano. Por eso, siento la claridad mental y autoridad moral para hacer manifiesto mi infinito agradecimiento a Álvaro Uribe.

Fue esa política de “mano firme, corazón grande”, fundamentada en los tres pilares de “seguridad democrática”, “confianza inversionista” y “cohesión social”, la que transformó completamente -y para bien- a nuestro país.

Mi intuición política me dice que Álvaro Uribe saldrá más fortalecido que nunca de este lamentable episodio y que, para desgracia de quienes lo quieren invalidar, su “martirización” lo volverá una figura aún más relevante -si cabe- en las contiendas electorales del año entrante.

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