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Martes 12 de agosto de 2025 - 01:00 AM

¡Estoy quebrado!

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Esta expresión es una de las más dolorosas y frecuentes en el mundo empresarial. Al 27 de noviembre de 2024 se registraron 1.574 solicitudes de insolvencia ante la Superintendencia de Sociedades. De ellas, 996 correspondieron a procesos de reorganización.

Quiebra no significa cerrar la empresa, ¡NO! Puede significar todo lo contrario: es una bandera roja que advierte, pero también una posibilidad que le está diciendo a gritos: la podemos sacar adelante, pero con ciertas condiciones. Declararse en quiebra suele ser una estrategia de reestructuración, no un cierre definitivo, e incluso un paso para reinventarse.

Las empresas empiezan a tener dificultades, normalmente, en el plano financiero, es decir, en sus flujos de caja, ya sea porque las ventas no reaccionan o porque sus gastos fijos y variables aumentaron por encima de los ingresos. O porque hay una mala gestión financiera, poniendo en riesgo su crecimiento, estabilidad y supervivencia. Y cuando digo mala gestión, es porque el dinero entra, el dinero sale… pero nadie sabe cuándo, por qué y cómo pasó.

Otras causas comunes: confundir caja con utilidad; depender de un solo cliente; excesivo endeudamiento o pagar deudas con más deudas; baja planificación estratégica; resistencia al cambio y a la innovación; contabilidad desordenada, entre otras.

Causas menos comunes, pero con gran impacto: Viajes” inesperados” al exterior con toda la familia; compra de carros de alta gama; el yerno emprendedor manejando la tesorería; oficinas lujosas; nóminas caras de amigos y familiares; disputas conyugales; socio ludópata; mal asesorados. En fin.

Existe, muy desafortunadamente, una mala reputación de los bancos en este aspecto. ¿Y saben por qué? Porque las quiebras no las provocaron ellos; se venían gestando desde dentro de las empresas, desde hace rato. Fueron los empresarios, quiénes ignoraron las señales de alerta y prefirieron mirar para otro lado ante el evidente deterioro. “Apagaron la alarma y siguieron durmiendo sobre el incendio”.

¡Por favor! Nunca nieguen las deudas. Ese es el peor error que puede cometer un empresario. Pongan la cara. Reconozcan que están en dificultades. No tema decir que está en quiebra; tema más quedarse callado y seguir igual.

La Ley 1116 (Insolvencia empresarial) es un verdadero mecanismo de salvación para sacar a flote las empresas y personas naturales comerciantes con dificultades. Su fin es darles una segunda oportunidad a las empresas viables y cerrar las que ya no lo son.

Entre 2014 y 2023, las solicitudes a procesos de reorganización a nivel nacional crecieron un 147 %. En Bucaramanga, se reportaron 554 solicitudes solo en el año 2023.

Importante: “La verdadera quiebra comienza cuando el ego manda más que los números. Anónimo.

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