El lunes 11 de agosto de 2025 pasará a la historia como uno de los días más tristes de Colombia. Las balas asesinas finalmente acabaron con la vida de Miguel Uribe, la figura más prometedora de la derecha colombiana. Su muerte es un golpe a la esperanza y al futuro de una nación que necesita llegar unida a las elecciones del 2026.
Desde el Senado y durante su precampaña presidencial, Miguel Uribe siguió muy de cerca el acontecer del sector agropecuario, fue un gran crítico de la reforma agraria de este gobierno, de los mayores impuestos a los alimentos y de la actual política antidrogas.
En un encuentro político en el departamento del Huila, habló de la agricultura por contrato, uno de los programas bandera para el sector que implementamos en el gobierno de Iván Duque. Ese programa, que benefició más de 450.000 productores, trajo certidumbre al campo colombiano. Miguel dijo que era necesario volver a contar con ese modelo por las ventajas que ofrecía para acceder a créditos baratos y para el ordenamiento de la producción, de manera que los productores pudieran vender para producir y no producir para vender.
Miguel Uribe siempre defendió la necesidad de mantener el incentivo del almacenamiento para los arroceros, fomentar esquemas de financiamiento a bajas tasas de interés, incrementar las inversiones para la irrigación y la adecuación de tierras, promover la diplomacia sanitaria y utilizar los modelos existentes de extensión agropecuaria de la Federación Nacional de Cafeteros. Una institución a la que siempre defendió.
En el Congreso fue un gran crítico de la actual deformación politiquera de las instituciones del agro. En sus debates de control político a la Agencia Nacional de Tierras llamó la atención sobre el crecimiento burocrático de esa entidad, de lo cuestionable de las cifras de compra de tierras y de cómo estaban incumpliendo las metas de la reforma agraria. Uribe decía que la ANT era una fachada que solo contrata a los amigos del gobierno.
Siempre le preocupó la creciente inseguridad en las zonas rurales que estaba obligando a los productores a migrar para después empobrecerse en las ciudades. Nunca estuvo de acuerdo con la actual política antidrogas y aseguraba que regresaría a la aspersión con glifosato de los cultivos de coca como una respuesta necesaria para acabar con los ciclos de violencia en el campo colombiano.
Hará mucha falta Miguel Uribe. Era la esperanza y el futuro para muchos colombianos y sin duda una figura indiscutible para la necesaria renovación de la derecha colombiana.
Envío mi mensaje de condolencia para su familia y especialmente para su esposa Claudia Tarazona, una mujer definitivamente excepcional. Paz en su tumba Miguel.












