En un par de columnas anteriores examiné, comenté y me pronuncié sobre la incontrovertible necesidad de reorganizar, administrativa y políticamente nuestra ciudad (hoy conformada por cuatro municipios autónomos) a través de la creación del Distrito Metropolitano de Bucaramanga -DMB- para unificar la toma de decisiones, facilitar la estructuración de proyectos metropolitanos, mejorar la planeación urbana y en síntesis superar la desarticulación administrativa de los cuatro municipios que hoy afecta, en materia grave, al ciudadano metropolitano. Sin duda, se mejoraría la calidad de vida.
Después de los múltiples e importantes comentarios que he recibido por las mencionadas columnas y de la tertulia organizada por la Fundación Participar y la Sociedad Colombiana de Arquitectos SCA, el 29 del pasado mes de julio, conviene precisar lo siguiente: 1) La creación del DMB no es un sueño, es una válida aspiración; 2) Urge insistir en reorganizarnos, entre otros, para planificar la ciudad del futuro; 3) Dada la complejidad legal y política de conformar el DMB, debemos ser conscientes que este es un proceso que deberá avanzar por etapas o fases alcanzables; 4) Es clave organizar una campaña de información y motivación muy fuerte que requerirá la participación del sector productivo para obtener los recursos económicos que ello requiere, la activa participación de los medios de comunicación, redes sociales, Cámara de Comercio, gremios, universidades, colegios, en fin, ciudadanos metropolitanos entusiasmados que colaboren en el proceso de convencimiento de los demás. Como están suponiendo apreciados lectores, esta debe ser una campaña de mayor magnitud que una campaña política.
Celebro que la Fundación Participar y la SCA, motivados por el tema, hayan realizado la tertulia que denominaron: “Visión de territorio. Organización política y administrativa de la capital y su entorno metropolitano”, en la cual examinaron con profundidad, entre otros, la opción de la creación del DMB así como otros esquemas para reorganizarnos como ciudad. En mi criterio, lo más importante es ser conscientes y hacer tomar conciencia de que estamos mal como ciudad, de que podemos acostumbrarnos al desorden, al caos y a la anarquía y, en consecuencia, se requiere un cambio estructural en la organización y administración de nuestro territorio metropolitano.
¿Y porqué ahora pienso que es una aspiración y no un sueño? Porque la diferencia esencial entre aspiración y sueño es que la aspiración está soportada en la realidad y tiene un objetivo específico, que exigirá esfuerzo, dedicación y organización. Mientras que un sueño es es un deseo menos concreto, abstracto y que no necesariamente está apoyado en la realidad.
Por lo expuesto y teniendo en cuenta la tertulia y los estudios que a la fecha se han realizado, conviene continuar profundizando, aspirando a encontrar la mejor solución a esta metrópoli.
Familia metropolitana…QUEDAMOS EXPECTANTES.












