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Domingo 17 de agosto de 2025 - 01:00 AM

El segundo tiempo

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Hoy empieza mi cuarta década de vida. Aunque es una nueva etapa, no es un reinicio, sino la continuación de un partido que ya tiene historia. El segundo tiempo llega con otra perspectiva. Ya no se trata de correr sin pensar, sino de jugar para ganar, de dejarlo todo en la cancha y de entender que cada jugada cuenta.

La experiencia de los primeros 40 años nos prepara para enfrentar esta etapa decisiva.

Cada acierto y cada error se convierten en herramientas para lograr los resultados que importan. Ahora se juega con la claridad de quien entiende que el marcador final se define en estos minutos y que cada movimiento debe acercarnos a cumplir nuestros objetivos.

También es el momento de escoger muy bien las batallas. No todo merece tiempo ni energía. El desgaste en causas pequeñas roba fuerza para las jugadas importantes. La estrategia está en concentrarse en lo que realmente construye, en lo que genera impacto, y dejar ir lo que no suma. Saber decir que no también es parte del juego.

En este segundo tiempo, el equipo es fundamental. Venimos de una familia que nos ha dado las bases para construir nuestra personalidad y que seguirá estando presente para orientarnos en esta nueva etapa. Nuestros hijos se convierten en la motivación que nos impulsa a ser cada día mejores, a dar buen ejemplo y brindarles las herramientas que necesitan para construir su propio futuro. Nuestros amigos y colegas nos acompañan en el desarrollo de todos nuestros proyectos – profesionales y personales – y son un apoyo invaluable para conseguir nuestros objetivos. Pero la victoria definitiva en este segundo tiempo es encontrar alguien con quien compartirlo. Me siento muy afortunado de poder iniciar esta etapa con una gran mujer a mi lado, que me acompañe a construir lo que me falta y a disfrutar del tiempo que me queda.

Más allá de los cargos, los títulos o las medallas, lo que quedará será el legado y la memoria del ser humano que fuimos. Lo que las personas recuerden de nosotros no estará en las hojas de vida, sino en los gestos, las decisiones y el impacto que dejamos en sus vidas. Esa es la verdadera victoria.

El segundo tiempo ya empezó y no hay tiempo que perder. Hay que jugarlo con intensidad, con inteligencia y con el corazón. La meta es llegar al pitazo final con la tranquilidad de haber dado todo, de haber jugado limpio y de haber hecho que valga la pena. Porque al final, ganar será poder mirar atrás y sonreír sabiendo que dejamos huella.

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