“Prepararse para lo peor y esperar lo mejor” ha sido una filosofía que siempre he considerado sabia y que hoy nos aplica más que nunca.
Aunque difícil ser optimista en medio del desastre en el que estamos sumidos, empiezan a verse hechos y señales que proyectan visos de luz frente a lo que pueda pasar en las elecciones del 2026.
Es enorme la desazón que ha generado la entrega del país a los terroristas, la corrupción rampante, el discurso de odio y división, el secuestro y asesinato de civiles y héroes de la Patria y el magnicidio de Miguel Uribe Turbay, entre tantos otros hechos.
Para muchos, el injustificado apresamiento del ex presidente Álvaro Uribe fue otro duro golpe con una clara motivación política que pretendía desestabilizar a la oposición y debilitarla de cara a las elecciones de 2026. Sin embargo, como era previsible, Uribe está saliendo más fortalecido que nunca de todo este lamentable episodio. Con estoicismo y energías renovadas decidió el domingo pasado “tomar corticas las riendas” de su partido dando instrucciones para definir cuanto antes el candidato del Centro Democrático (CD) y, posteriormente, buscar una coalición con otros aspirantes con los que haya identidad de principios, para así llegar fortalecidos a unas eventuales consultas interpartidistas en marzo de 2026 y, desde luego, a la primera vuelta en mayo.
Para completar la semana, además de la grata noticia de la revocatoria de su detención domiciliaria por parte del Tribunal Superior de Cundinamarca, esa sacudida del ex presidente a sus toldas se tradujo el viernes en el anuncio de la entrada de Miguel Uribe Londoño -en reemplazo de su hijo- al proceso de selección del candidato del CD, que deberá estar culminado entre diciembre y enero próximos.
Esa directriz de Uribe a su partido se ve complementada con las expresiones de otros pre-candidatos de cualidades sobresalientes como Juan Carlos Pinzón, Enrique Peñalosa, Mauricio Cárdenas, David Luna y, en su momento, Germán Vargas Lleras, quienes han manifestado estar dispuestos a unir fuerzas. Hacen gala de su generosidad patriótica al comprometerse incluso a desistir de su propia aspiración y sumarse a la de un aliado si del proceso de una consulta interpartidista, y/o en acuerdos previos a ella, saliera favorecido otro.
Es esa la actitud que Colombia necesita de quienes hoy aspiran a dirigirla. Cuánto me gustaría también escucharla de candidatos potentes como Vicky Dávila, Juan Manuel Galán, Juan Daniel Oviedo, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo, por nombrar a algunos de los más sonados.
Más allá de los intereses y vanidades personales, este momento de nuestra historia requiere de candidatos magnánimos, humildes, nobles y patriotas que compartan el objetivo común de derrotar el proyecto comunista y salvar la democracia.











