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Columnistas
Lunes 01 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

Seres heroicos

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Lo veo casi siempre en la 34 con 33, camino al hospital, en el semáforo, pidiendo monedas, comida o ropa. Mucha gente lo desprecia, pues no se afeita, no huele bien, y sobre todo, porque se atreve, mientras pide, a hacer comentarios sobre la realidad del país y de la ciudad. Tiene ironía, esa que según Ernesto Sábato, el escritor argentino, burgués, molestaba a los ricos.

Pienso que en el pueblo y en el ser humano se encuentran las personas más generosas y, gracias a ellos, uno “comprende más la raza humana” porque el “hombre es una porquería y es una hermosura, es la suma de las imperfecciones y la suma de las perfecciones, es un gusano y es un héroe, un ser dual, trágicamente dual”.

Lo cierto es que este hombre, el de la esquina, no sé a qué horas leerá (sus horas de ocio serán muchas) y tiene opiniones propia y agudas. Sorprenden sus comentarios sobre esta realidad y las confrontaciones sociales, como si estuviéramos en la antesala de la Guerra Civil Española en 1936, el año del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange Española.

En esa época, como hoy, “las izquierdas y las derechas” se agredían en las calles y sus marchas siempre fueron violentas. Así, como una apocalipsis, parece asomarse (o volver) en la sociedad colombiana esa confrontación, ese mundo de odios y tan lleno de sorpresas y de rencores, que puede desembocar en una guerra civil. Pero estamos ciegos y ya se asoman los colmillos del odio y de la torpeza en los rostros de muchos colombianos.

Por eso no hay que olvidar que también en el mundo hay personas desinteresadas, personas capaces de heroísmo, misericordiosos con la raza humana, tan trágica y tan sensible en esta todavía bella tierra, con mares y cielos que permiten vislumbrar la inteligencia cósmica y agudas como el hombre de la esquina.

Propuesta:

En vez de miles de obras que proponen para la ciudad los nuevos candidatos y comentaristas, por qué no nos dedicamos en los colegios y jardines a enseñar nuevos modelos de ética y nuevos modelos del ser santandereano. Menos dados al odio y más cultos, estudiosos de nuestra historia, de Bucaramanga, de Santander.

Exigir escuelas de oficios en los colegios que viven desocupados y en las universidades, donde sucede lo mismo, llenas de aulas vacías los fines de semana. Oficios como la forja, la carpintería (el oficio de Jesús), la orfebrería. Formemos a la infancia en estos santos oficios, enseñémosle botánica y astronomía, como hace la pionera Fundación Bavilú en Zapatoca. Traer misiones extranjeras para educar a la juventud. Nuestra migración ha sido muy limitada. Necesitamos más cultura y menos cemento.

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