Publicidad

Columnistas
Miércoles 10 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

El silencio que alimenta la guerra

Compartir

Las guerras no comienzan con disparos, sino con palabras. Y cuando estas expresiones, cargadas de odio, miedo y exclusión, provienen de quienes ostentan el poder, son más que simples palabras: son la semilla de violencias futuras.

En Colombia lo sabemos bien, luego de ver cómo el discurso del “enemigo interno” alimentó un conflicto armado que dejó más de 9.5 millones de víctimas reconocidas por el Registro Único de Víctimas. En Santander también lo vivimos: más de 315.000 personas han sido registradas como víctimas del conflicto. No solo fueron balas, fue un lenguaje que legitimó la persecución, la estigmatización y la división lo que fracturó comunidades.

Hoy, mientras líderes políticos en diferentes esferas recurren a discursos incendiarios —contra opositores, contra minorías, contra la prensa—, el silencio no es una opción, no es neutralidad; es complicidad. Cuando normalizamos el odio en nuestra comunicación, damos aval para que esto se convierta en política de Estado o, peor aún, genere enfrentamientos entre compatriotas de los que después nadie puede escapar.

En 2023, el Barómetro de la Reconciliación reveló que apenas el 44% de ciudadanos colombianos cree posible superar las divisiones heredadas del conflicto. Esto evidencia que seguimos atrapados en narrativas de miedo, desconfiando del otro. Si desde esos liderazgos se continúa impulsando el lenguaje de exclusión, ese porcentaje puede disminuir aún más, reforzando la dinámica creciente de la polarización.

El reto recae en la ciudadanía. Estamos llamados a romper la inercia del silencio con voces claras, éticas y colectivas. En Bucaramanga, en los municipios del departamento, en los colegios, universidades y barrios, debemos recordarnos que la paz no se construye solamente con acuerdos y mesas de negociación, sino también con actos cotidianos, con la decisión diaria de no dejar que las palabras nos dividan.

El precio que pagamos por nuestra indiferencia es demasiado alto: vidas, desplazamientos, generaciones enteras que crecieron en la sombra de la guerra. Por esta razón, hoy más que nunca, debemos entender que cuando el odio pretende convertirse en política, el silencio no puede ser una alternativa.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día