Ser guardián del territorio significa amor y compromiso con nuestra tierra, su gente, sus recursos y sus activos. Más que un reconocimiento, es la visibilización de un esfuerzo diario que, muchas veces en silencio, se traduce en la construcción de una mejor región. Detrás de cada proyecto, cada decisión y cada acción, hay personas y organizaciones que trabajan con la convicción de proteger lo que somos.
La semana pasada se llevó a cabo la exaltación como “Guardianes del Territorio” a quienes, desde lo público, lo comunitario, lo académico, o lo empresarial, impulsan y defienden los Derechos Humanos, el medio ambiente, el trabajo digno y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en la región. Una iniciativa liderada por CORNACOIDH.
Las ocupaciones del día a día, las proyecciones y reuniones muchas veces nos hacen perder de vista la razón de fondo: ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿qué impacto estamos generando con ello? Este reconocimiento nos recuerda que, en efecto, somos guardianes del territorio.
La Real Academia Española define “guardián” como quien cuida y protege algo o alguien. Ese es justamente el sentido de lo que todos hacemos, independientemente de nuestra labor: velar por el desarrollo de la ciudad, el crecimiento de las empresas, la salud de las personas, la conservación de la biodiversidad, la gestión sostenible de los recursos. En esa medida, los guardianes del territorio no son unos cuantos, somos todos.
Por eso resulta tan valiosa la iniciativa de visibilizar a las personas y organizaciones que están aportando al bienestar colectivo. Y qué orgullo que ProBarrancabermeja haya recibido este reconocimiento. Es el resultado de un esfuerzo en equipo: de las empresas que hacen parte de la organización y de los profesionales que, con pasión y sentido de pertenencia, trabajan por la ciudad y el Magdalena Medio.
Tradicionalmente, este tipo de distinciones recaen en organizaciones sociales y comunitarias –que con toda legitimidad lo merecen–, pero en esta ocasión también se reconoció el papel del sector empresarial en la construcción de un territorio más justo y sostenible. Este premio confirma que la voz y la acción empresarial pueden y deben aportar a la paz, al desarrollo humano y a la protección del entorno.
Asimismo, ratifica que el desarrollo económico sólo tiene sentido si avanza de la mano con la sostenibilidad ambiental y la inclusión social. En pocas palabras, competitividad y derechos humanos no son caminos opuestos, sino complementarios.
Felicito a todos quienes fueron exaltados en este evento. Este reconocimiento no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Nos recuerda que ser guardianes del territorio exige coherencia y compromiso en cada acción que emprendemos.











