Desde que el presidente Xi Jimping llegó al poder en 2012, China ha buscado convertirse no solo en una potencia económica sino militar. Y aunque su gasto en defensa de unos 314.000 millones de dólares equivale a solo un tercio del estadounidense, es posible afirmar que el gigante asiático es una potencia militar asimétrica; pues ha desarrollado un conjunto de armas que cuestan mucho menos que las de Estados Unidos pero que pueden neutralizarlas explotando sus vulnerabilidades.
En ese sentido es importante leer el significado del desfile de noventa minutos con el que la semana pasada, los chinos conmemoraron los 80 años de su victoria sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial.
El poderío del dragón no solo se hizo sentir con las botas de sus tropas resonando sobre el pavimento de la mítica plaza de Tiananmén en Pekín, mientras el presidente Xi les pasaba revista, sino considerando los cientos de piezas de armamento pesado y algunas novedades de su avanzada industria de defensa entre las que se destacan el misil balístico intercontinental DF-5C; un arma nuclear que puede dispararse simultáneamente desde mar, tierra y aire y alcanzar territorio estadounidense.
El mundo también pudo ver dos nuevos submarinos no tripulados, con forma de torpedo: el AJX002 y HSU100 el primero, para tareas de reconocimiento y el segundo, destinado a misiones como sembrar minas. En la plaza de la Paz Celestial, desfilaron 4 nuevos tipos de misiles antibuque que pueden lanzarse desde barcos o aviones, alcanzando cinco veces la velocidad del sonido, para infligir daños críticos a las embarcaciones objetivo. China mostró así mismo, sistemas de armas lasser L-Y1 capaces de enfrentar ataques con drones, inutilizar sistemas electrónicos y cegar a pilotos enemigos.
Se exhibieron también, embarcaciones, aeronaves y vehículos terrestres no tripulados, lo que completaría una amplia gama de capacidades de los drones como los CH-9 destinados a reconocimiento y ataque de objetivos hasta evacuación y trasporte de municiones. A lo que se agrega el caza furtivo J35A para ataques aire-aire y aire-superficie.
Este desfile al que asistieron personalmente líderes de unas dos docenas de países, entre ellos, Vladímir Putin y Kim Jong Un; mostró una China con capacidades para no solo no ser intimidada por otras potencias, sino para presentarse internacionalmente como garante de estabilidad, aprovechando los espacios políticos, económicos, militares y diplomáticos que deja el comportamiento incierto y hostil de Estados Unidos.










