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Viernes 12 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

Otra vez la burra al trigo

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Los colombianos volvemos a estar amenazados con una nueva reforma tributaria que significa más impuestos como si los que ya pagamos no fueran lo suficientemente razonables.

De niño aprendí que “donde se saca y no se echa, pronto pasa la cosecha” lo cual traducido al idioma común significa que si no le tapamos el fondo al saco ninguna plata que echemos será suficiente para llenarlo.

Lo curioso es que el mismo personaje que propone castigarnos hoy es el mismo que en el gobierno anterior incendió el país, porque el presidente de turno planeó una reforma que pretendía obtener una tercera parte de lo que ahora se nos quiere imponer y tenemos viva la imagen de ver al presidente guerrillero y al señor Bolívar posando con un pancarta que decía “no más impuestos” que debería ser la que todos tenemos que utilizar ahora para decirle al gobernante presidente “no más impuestos”; los colombianos no resistimos uno más, pues como están las cosas terminaremos trabajando solo para el gobierno que feliz se la pasa viajando por el mundo con su coro de áulicos, creando más cargos públicos para comprar conciencias y dejando desamparados a los viejitos, a quienes no les ha dado la miseria que les habían reconocido.

La única defensa que tenemos son los legisladores: son ellos los que tienen la facultad de frenar este exabrupto pues con su voto terminarán convirtiendo en obligatorias las propuestas presentadas como ley de financiamiento.

Debemos tener en cuenta que este es un año electoral y por lo tanto los eventuales candidatos a legisladores estarán cuidando su imagen y entonces es importante que estemos pendientes de cómo van a votar la reforma para de paso cobrarles, mediante la negación del voto, si la aprueban, pues esto para ellos es lo único que les duele y pesan más cuatro años de Senado o Cámara que cualquier prebenda para comprar sus acciones.

Seremos nosotros los responsables de escoger el futuro pues si no despertamos y actuamos como veedores del proceso y como auditores de la conducta electoral de los parlamentarios tendremos que sufrir los efectos de esto que no es otra cosa que un atraco a nuestra precaria economía que finalmente terminará cancelado el despilfarro oficial, la fiesta de contratos y el exceso de burocracia con que se viene manejando el gobierno actual.

Esto nos obliga a estar alertas pues nuestro gran problema político es y ha sido la indiferencia que conocen bien nuestros políticos profesionales y la utilizan a la maravilla pues saben que nuestra cara de bobos no solo es apariencia sino una auténtica complicidad política que manejan en su propio beneficio.

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