En la antigüedad, entre los años 431 y 404 a.N.E., se libró entre Atenas y Esparta la Guerra del Peloponeso, conflicto bélico devastador entre las dos grandes potencias griegas de entonces; el enfrentamiento terminó con el triunfo de Esparta y causó el declive económico y social de la Hélade (nombre que los griegos daban a su territorio). Tucídides, historiador y militar ateniense, quien participó en tal enfrentamiento, escribió la obra que lo inmortalizó, “La Guerra del Peloponeso”, por la que se considera que es el padre de la historiografía científica.
En 2015 el politólogo estadounidense Graham T Allison en un artículo de prensa, basado en lo expuesto por el historiador ateniense acuñó la expresión “la trampa de Tucídides” para describir el hecho histórico que repetidamente se ha dado cuando en el escenario mundial irrumpe con fuerza ascendente una potencia emergente y con sus actos y progreso genera una tensión estructural letal que desafía la supremacía de la potencia dominante existente, conflicto de intereses que ha desembocado muchas veces en guerra entre ambos Estados.
Allison, para profundizar en su tesis, hizo un estudio para la Universidad de Harvard, analizando 16 enfrentamientos de tal naturaleza ocurridos en los últimos 500 años entre potencias en ascenso y potencias en declive, examinando los ámbitos económico, militar, tecnológico, y concluye que 12 de ellos desembocaron en desastrosas guerras pues las tensiones alteraron agudamente las percepciones, la postura de los oponentes, el equilibrio de poder. El trabajo de Allison fue publicado en 2017 con el título “Destined for war”, en el que explica la que él llama “La trampa de Tucídides”, con base en lo ocurrido en la antigüedad entre Esparta y Atenas, estudiando, entre otras, la confrontación entre España y Portugal a finales del siglo XV, la guerra anglo-española de 1585 a 1604, las guerras Napoleónicas del siglo XIX, la guerra anglo-estadounidense de 1812, la guerra fría entre E.E.U.U. y la URSS en el siglo XX. Allison considera que estamos históricamente nuevamente en un momento similar por la disputa hegemónica que hay entre E.E.U.U. y China y, cómo consecuencia del desmoronamiento del reparto del mundo hecho en Yalta en 1945 en las postrimerías de la II Guerra Mundial, la geopolítica mundial está caminando por un accidentado sendero en el que cualquier equivocación, error, análisis incorrecto, el temor de las potencias en declive, puede activar la “trampa de Tucídides”, hundiéndonos en una guerra.
Y si en algo están de acuerdo los analistas serios es que una tercera guerra mundial sería una conflagración sin ganadores, pues su resultado sería la desaparición de la especie humana de la faz de la Tierra.










