En Colombia, los avances en derechos de las mujeres y de las personas trans y no binarias han sido el resultado de décadas de lucha, organización y valentía.
Por eso resulta indignante ver cómo esas luchas son manipuladas y usadas por quienes esperan atornillarse en el poder, socavando los derechos de quienes dicen representar y defender.
Este es el caso de Juan Carlos Florián y su frustrado nombramiento en el Ministerio de la Igualdad. En su vida y en todos sus documentos oficiales, Florián se presentó siempre como un hombre gay. Sin embargo, cuando se señaló que su nombramiento incumplía la ley de cuotas, súbitamente afirmó preferir pronombres femeninos y dijo ser una persona “no hegemónica” al identificarse como no binaria.

Florián, como todas las personas, tiene derecho a ser reconocido según su identidad de género. Pero resulta sospechoso que esa supuesta identidad aparezca justo cuando hay réditos políticos y económicos en juego.
Más que un acto de inclusión, lo que vemos es una apropiación del lenguaje de la diversidad para consolidar poder e influencia.
Las recientes declaraciones y comportamiento de Florián y del gobierno trivializan y caricaturizan la creciente visibilidad de identidades no binarias, y la lucha histórica de las mujeres en el país.
Basta recordar que el próximo año se discutirá en el Congreso la Ley Integral Trans, una oportunidad histórica para responder a las múltiples formas de violencia y discriminación que enfrentan a diario.
En lugar de apoyar esa agenda con seriedad, Florián y el Gobierno se la apropia y manipula.
El daño es profundo: se invisibiliza el trabajo de quienes, desde colectivos feministas y trans, llevan años construyendo espacios seguros, reconocimiento cultural, y acceso a derechos básicos y a espacios de toma de decisión para las mujeres y diversidades.
Florián y Petro no están abriendo puertas, las están usurpando. Y esa usurpación no solo no beneficia a las diversidades ni a las mujeres, les resta fuerza e incluso amenaza en un momento decisivo.
No nos dejemos confundir. Aquí no hay reivindicación colectiva ni avance de derechos. Lo que hay es oportunismo político disfrazado de inclusión.












