El respeto por las decisiones de las personas sobre sus sentimientos, su cuerpo y sus necesidades físicas parecen estar de moda hoy a raíz de comentarios fuera de tono en un consejo de ministros, que han generado todo tipo de reacciones desde las mas puritanas hasta las mas libertinas, pero que en el fondo reflejan la abierta discriminación que persiste hacia la mujer tanto en escenarios de la política como en el desempeño laboral.
Independiente del comentario, por demás innecesario y vulgar que no merece mayor análisis, siempre he pensado que la mujer, al igual que el hombre, debe valorarse por sus capacidades y no por su aspecto físico o su envoltura. Obviamente, la apariencia física es importante sobre todo en ciertos espacios de diplomacia y relaciones públicas, sin que sea el único o el principal elemento de valoración, pero desafortunadamente a las mujeres se nos juzga mucho mas fuertemente en ese nivel. Una mujer bonita va mejor para un cargo ejecutivo o comercial y cuando alguien pretende desacreditar a una mujer que escala, el mejor argumento es acusarla de algún comportamiento sexual “inconveniente” o burlarse de su aspecto. Romper el techo de cristal implica desafiar esa barrera invisible de la discriminación sexual.
Coincidencialmente, apareció en mis preferencias de NETFLIX la miniserie que refleja esta realidad. Intimidad, trata de la trabajadora de una fábrica donde obviamente prevalece la fuerza laboral masculina que acaba suicidándose, presa de burlas y ataques misóginos al filtrarse entre sus compañeros de trabajo fotos y videos de sus actividades sexuales previas, cuando ahora estaba consolidando una relación amorosa estable. En el mismo momento, la candidata a las elecciones en un importante municipio español, que se erige como favorita por sus capacidades e independencia, es igualmente objeto de una premeditada y bien planeada estrategia de desprestigio al ejecutar un plan para incentivar una relación extramatrimonial pasajera, pero intensa, que es grabada y divulgada cuando ella avanza en su campaña. Su hija adolescente, corre la misma suerte y la investigadora del caso debe abrir el proceso de oficio porque ninguna quiere denunciar el abuso. Aunque apenas he visto el tercer episodio de la serie, sin duda es el reflejo de una realidad que incomoda.
Respetar la intimidad y valorar a la mujer por sus capacidades es una exigencia de la sociedad moderna. A la futura alcaldesa de Bilbao le están cerrando las puertas en su partido y en el sector empresarial porque saben que no pueden manejarla. Ellos fueron los autores de la estrategia de desprestigio y aunque cuenta con el apoyo de la Presidenta del partido, no sé si la fuerza de las conveniencias le permita encontrar a los culpables, exponerlos y superar la contienda.










