El oficio del periodismo tiene ante sí el mayor de los desafíos, que no muera. Y no es una exageración, lo ha dicho una reportera de a pie, aquí en Bucaramanga, en medio de un encuentro organizado por la Fundación Bolívar Davivienda y la universidad UNAB, en la gira que el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar realizó por todo el país, con el fin de conmemorar el ya tradicional reconocimiento que estimula, desde hace 50 años, el apego al rigor informativo, la búsqueda incansable de la verdad, la mirada escrutadora al poder, cualquiera, y la independencia, entre otras virtudes.
“El periodismo es otro”, afirmó un colega en medio de la conversación, quien reconoció que es imperativo “reinventarnos”, justo cuando la población más joven no sigue las noticias y la desinformación es una amenaza latente. Esta semana se llevó a cabo la Cumbre Global sobre Desinformación, organizada por Proyecto Desconfío y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el encuentro anual de expertos que intercambian posturas para enfrentar este fenómeno y su impacto en la sociedad.
“Cuando las mentiras viajan más rápido que la verificación, la confianza pública y la seguridad peligran”, reconocieron quienes conversaron por dos días sobre este tema. La aparición de ‘periodistas’ de redes sociales -vuelvo a la reunión con los reporteros locales- pone en desventaja la seriedad del oficio y reclaman, como uno de sus dolores, el desequilibrio que produce un sistema en el cual el único antídoto es recurrir al ‘supuesto’ o ‘presunto’ para esquivar la apertura de procesos judiciales en contra.
El mundo mira sin asombro cómo se cerca la libertad de expresión a partir del miedo. Distintas instituciones advierten el creciente deterioro que sufre la prensa por causa de los ataques sistemáticos, lanzados desde cualquier orilla, que minan su credibilidad y provocan, entre otras consecuencias, la autocensura. A la incertidumbre que vive el negocio de los medios de comunicación atribulados por los monopolios tecnológicos se suma la amenaza represiva del cierre.
Pero no son únicamente los factores exógenos los que preocupan a un gremio que, en la espontánea reflexión, acusa viejas cargas que nunca fueron resueltas y que, ahora, ponen la cancha inclinada hacia arriba: un mercado laboral cada vez más cerrado, la carencia de recursos para asegurar un trabajo digno, bajos salarios y, en muchos casos, pocas garantías para ejercer desde las regiones, precarizando una profesión que ha vivido, ciertamente, de un romanticismo malsano.
“Es una búsqueda del futuro más que una celebración del pasado”, explicó el presidente del Grupo Bolívar, Miguel Cortés, sobre su invitación a conmemorar el premio, a lo que solo agregaría que el periodismo no existe para halagar al poder, sino para cuestionarlo. No más.











