Se nos fue ahora sí Jaime Andrés de la Alcaldía de nuestra amada Bucaramanga. Lo sacó el Consejo de Estado, como todos sabemos, por doble militancia, y en el entretanto la ciudad donde nacimos y hemos hecho la vida, donde nacieron nuestros hijos y están enterrados nuestros padres, la ciudad que siempre admiramos con sus montañas y sus atardeceres, no mejoró en nada. Por el contrario, gobernada por la politiquería, la ciudad continuó perdiendo su calidad de vida bajo esta Alcaldía, que había prometido hacer lo contrario.
La salida del alcalde deja pendientes no resueltos como el de Metrolínea y el de todo el transporte público, que enfrenta problemas financieros graves y también problemas operativos, como el número de vehículos, la insatisfacción de los usuarios y el aumento de otras modalidades informales de transporte.
Nunca se convocó a los líderes de taxistas, motociclistas ni a los expertos en transporte urbano para que nos ayudaran a construir una ciudad incluyente y, por ello, quedó otro pendiente relacionado con la movilidad en general, la movilidad urbana, con altísimos niveles de congestión. Una ciudad atrasada en proyectos de infraestructura que no vio los intercambiadores prometidos en campaña.

A su vez, está el pendiente de la seguridad y el tal “plan candado”, que no funcionó porque, básicamente, nunca existió ni tuvo una ruta clara. El Plan de Desarrollo decía: “Juntos construiremos un territorio seguro, sostenible y competitivo, que mejore la calidad de vida de las personas en Bucaramanga”. Ustedes dirán si esto se logró en dos años de mandato y si la ciudad “avanzó segura”.
Y sigue el Plan de Desarrollo: “Línea Territorio Seguro: Se desarrolla a partir de la adopción de un enfoque multidimensional que incluya no solo la seguridad ciudadana frente a la delincuencia, sino también la seguridad humana, vial, en el espacio público, sanitaria y ambiental. Aspiramos a construir entornos urbanos y rurales donde las personas se sientan protegidas y puedan ejercer y gozar libremente de sus derechos […] Bucaramanga Ciudad Región se destacará por la gestión adecuada de riesgos ambientales y sociales, creando un ambiente seguro y confiable…”.
Todo pintaba bien en las 403 páginas del Plan, como la Constitución del 63, esa de “los ángeles”. Pero la ciudad sigue insegura, sucia (sin resolver el problema de las basuras y con la amenaza del cierre de El Carrasco), acorralada, oscura (la chatarra se esfumó), congestionada, desordenada en su centro y abandonada en la periferia.
Quedan muchos pendientes. Pero lo claro es que la salida del alcalde no cierra una etapa, sino que más bien la desnuda: no se hizo nada en serio para que la ciudad saliera adelante. Nos dejaron la ciudad amada hecha un sancocho. Y de los malos.










