Publicidad

Columnistas
Miércoles 24 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

¿Por qué nos angustia tanto la alimentación al final de la vida?

Compartir

Como médico que acompaña a personas en sus últimos días, he visto muchas veces cómo la comida se convierte en una fuente de angustia. Las familias, movidas por el amor y el miedo, insisten en alimentar al ser querido, incluso cuando él ya no quiere, ya no puede, o simplemente ya no lo necesita.

A veces, esa insistencia llega al punto de pedir que se le dé comida por tubos o por procedimientos que, aunque parecen ayudar, terminan causando más dolor que alivio.

Pero hay algo que nunca deberíamos olvidar: lo más importante en ese momento es respetar los deseos del paciente. Lo que para unos puede parecer un gesto de cuidado, para otros puede sentirse como una invasión, una pérdida de dignidad.

La comida, en nuestra cultura, es mucho más que nutrición. Es afecto. Es vínculo. Es memoria. Pensemos en la madre que se preocupa porque su hijo no come, o en ese ritual de llegar a casa y encontrar el plato favorito servido con cariño. Alimentar es amar.

Por eso, cuando alguien que amamos deja de comer, sentimos que algo se rompe. Que el amor ya no encuentra cómo expresarse. Pero en esos momentos, el cuerpo habla. Y suele hacerlo con sabiduría. Pide lo que necesita. Rechaza lo que ya no puede procesar. No es abandono. Es parte del proceso natural de despedirse.

He visto cómo, en Colombia especialmente, cada visita al enfermo trae consigo una receta, una recomendación, una prohibición. Todo con buenas intenciones. Pero muchas veces, ese afán de ayudar termina causando más sufrimiento. Se olvida lo esencial: escuchar al paciente, respetar su ritmo, su apetito, su silencio.

El amor no siempre se sirve en un plato. A veces, se ofrece en forma de escucha, de respeto, de dejar ir.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día