Cuando el presidente Petro quiso presumir de su adhesión al feminismo y demostrar su saber, y se le dio por mencionar los “feminismos que destruyen al hombre”, mencioné en una columna el “despiste presidencial frente a los feminismos” (13/02/2025). Cuando, desatendiendo reglas básicas de protocolo, pretendió saludar de beso a la reina de España, podíamos hablar del cansancio de un viajero frecuente mal despierto, víctima del desfase horario de los viajeros; eventualmente de descuido por parte de un hombre atrapado por sus costumbres personales.
Pero, la repetición de estas impropias manifestaciones de afecto a mujeres subalternas, con derroche de palabras cariñosas no correspondidas, con abrazos no compartidos, ya son manifestaciones de un machismo puro, duro e incontenible por parte de un hombre con poder, pegado a las redes sociales y adicto al micrófono. Sus discursos plagados de expresiones propias de un hombre aferrado al mansplaining – esta insistencia masculina a posar de sabelotodo frente a mujeres consideradas ignorantes – son vergonzosos por parte de un jefe de Estado.
El presidente Petro insiste en defender públicamente los beneficios de su “política del amor”, “porque un país que prohíbe los abrazos y no los entiende, que se lo lleve el diablo”

… De nuevo, el hombre Gustavo demuestra su machismo que cree avalado por el Poder.
Las mujeres sabemos el malestar que producen los abrazos, elogios y besos no solicitados y no compartidos. Esta invasión del espacio privado de las personas, cualquiera que sea, produce incomodidad. La que no pudo disimular la señora Gloria Miranda, que debe saber lo feo que es un abrazo no deseado, con un jefe que considera “fea la sociedad donde prohíban el abrazo, el beso”.
Aun así, Gustavo el hombre insiste en justificar su evidente embarrada y en una confusa argumentación mezclando peras con manzanas: “Ahora resulta que abrazar es sinónimo de misoginia … esas son las campañas que nos arman feministas de la derecha …” Y Petro el presidente presume que, a estas feministas de derecha, arribistas, que no aprecian sus abrazos y babosadas, les “importan un bledo las demás mujeres …” y “solo aspiran a hacerse a la mitad de los altos cargos”. (Vaya forma de resumir la Ley de cuotas).
Las mujeres, feministas o no, debemos reconocer y denunciar el peso de estos “pequeños comportamientos … parte de una idiosincrasia cultural …” enraizados en “una cultura calurosa como la latina”, que sí son actitudes abusivas y de dominación. Los cambios profundos y políticos empiezan por cambios personales y cotidianos. Porque la cotidianidad sostiene y orienta la vida, el respeto, los placeres y sufrimientos. En vez de justificarse tercamente, el presidente debe dejar de lucirse como un galán inoportuno, candidato a acosador, y renunciar a nombrar colaboradores reconocidos como agresores.










