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Domingo 28 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

¿De qué está hecho el Concejo?

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En Bucaramanga ya no basta con lamentarse por la destitución del Alcalde. El reloj institucional sigue corriendo y hoy, domingo 28 de septiembre, el Concejo Municipal enfrenta una cita que lo pondrá a prueba: el segundo debate del Proyecto de Acuerdo 111 de 2025, por medio del cual se adiciona el presupuesto general de rentas y gastos del municipio para la vigencia fiscal 2025. No se trata de un formalismo más. Es la diferencia entre una ciudad que se gobierna a pesar de la tormenta y una que se hunde en la parálisis.

El Concejo no fue elegido para mirar al techo ni para especular sobre quién se queda con la silla vacía en el Palacio Municipal. Es la máxima corporación político-administrativa del municipio, llamada a legislar, controlar y garantizar que el rumbo de la ciudad no dependa de la improvisación. Su deber es ser contrapeso del Ejecutivo, pero también motor del desarrollo cuando la administración tropieza. Y esas decisiones hoy se resumen en números: adicionar el presupuesto de 2025 significa garantizar continuidad en programas sociales, financiar obras estratégicas y darle oxígeno a una administración que, aunque sin alcalde en propiedad, debe seguir respondiendo a la ciudadanía.

No estamos hablando de tecnicismos lejanos. Cada peso que se apruebe o se bloquee impacta directamente en los barrios, en la movilidad, en la seguridad y en la vida cotidiana de los bumangueses. Los concejales no pueden ampararse en el vacío de poder para abandonar su deber. Si lo hacen, además de traicionar el mandato popular, estarían minando la credibilidad de la democracia local y alimentando la narrativa de que Bucaramanga es ingobernable.

La coyuntura exige claridad. El Concejo debe dar un debate público, con argumentos técnicos y financieros, no con rumores de pasillo ni cálculos de campaña. La ciudadanía necesita escuchar de primera mano cómo se van a orientar los recursos, cuáles son las prioridades y qué criterios de planeación respaldan las decisiones. Ese es el nivel de responsabilidad institucional que se espera.

Porque al final, la historia no contará los discursos encendidos ni las ausencias estratégicas. Contará si el Concejo estuvo a la altura de su rol en el peor momento político de la ciudad. O si, por el contrario, eligió esconderse detrás de excusas. Bucaramanga no puede seguir secuestrada por la indecisión. Y hoy, más que nunca, el mensaje a los concejales es directo: voten, argumenten, decidan. La ciudad no espera menos.

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