Qué irrespeto utilizar este título, pero no se me ha ocurrido otro por ahora. La verdad es que en esas andanzas anda uno siempre, cuando hay que cumplir con la historia de tantos años en mi adorado matutino de esta ciudad.
Entre esas reflexiones me encuentro con algunos aciertos —no siempre— del presidente Petro, como cuando en la ONU expresó sus preocupaciones por la interminable guerra en Medio Oriente, que tantos millones de muertos ha dejado. Hoy, en el intento de acabar con Hamás, los bombardeos de Israel siguen aumentando la cifra de víctimas. Bien hace Petro en pedir que cesen esas horribles noches. Con tono dramático resaltó también la crisis climática, la política de drogas y la desigualdad global; esa postura fue vista como un acto de valentía y dignidad de la nación.
Pero luego vienen los estropicios. Criticar a las potencias con un discurso populista, hasta quedarse sin retórica; y al salir de la ONU, como cualquier líder barato, llamar a la rebelión de sables contra los gringos y sus aliados europeos. Eso le costó la suspensión de visas en EE. UU., tanto a él como a varios de sus colaboradores que ordeñan el presupuesto. Ya se rumora que Italia podría retirarle su ciudadanía.
Como decía el doctor Carlos Lleras Restrepo, “las malas lenguas” no se hacen esperar: señalan a este buey cansado de mal gobernar, el más malquerido de la nación, acusado de drogadicto y muchas veces de mentiroso. Algunos afirman que, mal informado y extraviado, prefiere pasar a la historia como mártir, como Antonio Ricaurte en San Mateo. Yo creo que sería mejor que dejara las poses y no se dejara vencer por los excesos que él mismo parece alimentar.
Otros dicen que podríamos pasar de Guatemala a Guatepeor. Ya conocemos a nuestra vicepresidenta Francia Márquez, que no se queda atrás en sus desatinos y que, ahora en campaña, parece empeñada en seguir contribuyendo a la destrucción de nuestra sufrida Colombia.
Cómo no andar, entonces, en estas cavilaciones.










