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Viernes 03 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Malos hinchas

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¿Saben por qué la Fortaleza Leoparda Sur es considerada una de las mejores barras del país, si no la mejor? Porque son verdaderos hinchas. Porque tienen “aguante”. Porque, a pesar de que desde su fundación en 1998 pasaron casi 30 años sin levantar un título, nunca dejaron de estar en la tribuna popular alentando. Este reconocimiento lo hacen los buenos conocedores del fútbol en todo el país, y se hizo aún más evidente cuando, por fin, se ganó la gloriosa y tan esperada estrella.

Me voy a tomar una licencia, en gracia de discusión, para hablar de lo que sería un mal hincha. Lo hago desde un sentimiento que se mezcla con la forma en que observo la política moderna, es decir, cómo se nos presenta hoy, de manera casi descriptiva.

La política, hoy quizá más que nunca, está cargada de emociones que se transforman en pasiones tan intensas como las de ese hincha que grita desde su sofá frente al televisor, intentando influir en el marcador. Todos los que amamos el fútbol hemos estado sentados ahí. Lo curioso es que, por alguna razón, ese “hincha” de la política no busca un marcador favorable. Quiere que al país le vaya mal. Que pierda por goleada, solo para poder sacrificar al técnico. Desde el palco gritan: “¡Fuera Petro!”.

Son malos hinchas. Celebran la descertificación del país en la lucha contra las drogas, aunque llevamos 30 años haciendo caso sin mayores resultados. Realizan correrías republicanas para suplicar sanciones contra Colombia, como si pidieran que le saquen roja al central de su propio equipo. Apuestan por la pérdida de territorio con Perú, como en las viejas épocas. Celebran que se les quite la visa a los miembros del gabinete, como aquellos criollos que pelearon por España y no por la independencia. Prefieren cruzar los dedos para que su equipo pierda con tal de ganar el parley. Cuentan los días con ansiedad, esperando que todo vuelva a la “normalidad”, a como era antes.

El gran problema para estos malos hinchas es que todo parece indicar que el gobierno Petro los va a decepcionar. A menos de un año de finalizar su mandato, el dólar no llegó a los 10.000 como deseaban, no se quemó ninguna iglesia, la economía está creciendo —a los ritmos que siempre crece nuestro país en contextos similares—, no hubo expropiaciones como pronosticaron, la inflación completamente controlada y va a entregar el poder en 2026. No se perpetuará.

Esta semana el DANE, con su tradición y rigor en el cálculo de las cuentas nacionales, anunció la cifra más baja de desempleo desde que se mide: 8,6%. ¡Gol! Celebremos este logro como país. Es de todos. La generosidad en la política es un gran valor.

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