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Jueves 09 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Indignación vs indiferencia

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En su juventud Stephane Hessel sobrevivió a los campos de concentración nazis. Al salvarse, tenía claro que “esta vida recuperada” no era para malgastarla. Siempre luchó por una causa, nunca fue indiferente.

En 1948, participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En algún momento escribió: “debemos basarnos en los derechos cuya violación, sea quien sea el perpetrador, debe provocar nuestra indignación. No hay que transigir con los derechos.”

Con la creación del Estado de Israel en 1948, él, siendo judío, no tardó en denunciar las condiciones de vida en los campos de refugiados palestinos (controlados por la ONU). Años después (2009), cuando volvió a visitar la región, denunció que Gaza era “una cárcel de cielo abierto para un millón y medio de palestinos.” En cuanto a Hamas, Hessel reiteraba que “el terrorismo es inaceptable”, más no inevitable. Nunca se acostumbró. Hasta el final de su vida defendió al pueblo palestino, sin confundirlo con el grupo terrorista Hamas.

Con más de 90 años, Hessel le recomendaba al mundo que no perdiera la capacidad de indignarse, siendo para él la indiferencia “la peor de las actitudes”. Deseaba que cada joven, cada persona encontrara al menos un motivo de indignación, base de la reacción, la solidaridad y del compromiso.

Para cada generación en su momento, abundan las razones de indignación. Hessel decía a los jóvenes que solo al mirar alrededor suyo iban a encontrar temas que justificaran indignarse para movilizarse: situaciones concretas que los/as llevarían a moverse por una causa. Sigue cierto; motivos tenemos, tanto lejos de casa como cerquita en Colombia. Es papel de la sociedad civil, de cada persona, reconocer las injusticias y violencias, no aceptarlas, lanzar gritos de advertencia y protesta, y actuar con solidaridad.

La flotilla Global Sumud, desarmada, multinacional, ejemplo de solidaridad humana, fracasó en aliviar el hambre y dolor físico de la población torturada en Gaza, pero logró hacer oír su profundo y largo grito de indignación. Logró sacudir la indiferencia de la población mundial que se expresa con marchas y manifestaciones, generalmente no violentas porque buscan precisamente ponerle fin a la violencia. Y, como escribía Sartre (1947) “… la violencia en cualquier forma es un fracaso.” La violencia no es eficiente.

Las causas por defender pueden estar lejanas, inaccesibles, pegadas al idealismo; o cercanas, concretas, factibles de intervenir. Que mirar al horizonte no nos impida ver lo que tenemos frente a nuestras narices. Lo que se reprocha, entre muchas otras cosas, al presidente Petro es esto: dársela de salvador de la Humanidad sin resolver los problemas del país que se supone está gobernando. Buscar un premio Nobel de Paz en tierras y causas ajenas, dejando a Colombia desangrándose en un no gobierno.

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