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Sábado 11 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Los móviles ocultos

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Lo que un político realmente quiere está oculto en estos tiempos de profundas radicalizaciones. No es raro que detrás de frases desmedidas, acciones desproporcionadas y odios frenéticos, promovidos por un arengador de masas, esté un interés escondido, ni siquiera comunitario, a veces tan pequeño y egoísta como el propio autócrata que promueve el desmadre. Y la fórmula “divide y reinarás” se lee hoy como polariza y tendrás electores.

Los humanos evolutivamente actuamos así; si nos tocan una fibra emocional vinculada al miedo, nuestro tronco encefálico (o cerebro reptiliano - no llamado así por casualidad-), nos impulsa a atacar o huir. Atacar al supuesto enemigo y huir del pensamiento racional, porque lo que importa es imponerse. Quedamos sin cabeza para racionalizar la dialéctica de la historia.

Preguntémonos serenamente entonces, qué es lo que realmente quiere Netanyahu: ¿a los rehenes?, ¿a los cabecillas de Hamás?, ¿al territorio de toda la Cisjordania y aún más allá?, ¿la aniquilación de los palestinos como nación? Nótese que las preguntas las refiero a Netanyahu, a él y solo a él. Nadie podría decir que toda la crueldad desplegada sobre la población gazatí, es anhelo del pueblo de Israel, por más dolor y deseo de justicia que se hayan desatado por el ataque del 7 de octubre de 2023.

No olvidemos que antes de esos hechos Netanyahu enfrentaba inmensas protestas en Israel por una reforma judicial que impondría con una coalición de partidos de derecha y ultraderecha. Con ella eliminaría el veto del Tribunal Supremo para bloquear por inconstitucionales decisiones del gobierno, restaría facultades a asociaciones independientes en la selección de los jueces, daría poder al parlamento para invalidar decisiones del Tribunal Supremo y limitaría otros controles sobre decisiones del gobierno.

Además del revés democrático que implicarían esas medidas, especialmente respecto del sistema de equilibrio de poderes, aparecen las oscuras motivaciones del señor Netanyahu, quien, por estar sometido en ese momento a acusaciones de corrupción, podría querer el debilitamiento de la independencia de la justicia. Todo se polarizó y tal vez Hamás se haya encargado de darle a Netanyahu lo que estaba esperando.

Hoy todo quedó en pausa, incluido cualquier debate institucional sobre la malhadada gestión política de Netanyahu. Mientras tanto, las cifras estimadas hablan de 67.000 palestinos muertos y 2.000 del lado israelí. Las imágenes de agencias de prensa oficiales dicen más de lo que soportamos saber, y duele demasiado todo. Impotentes; el derecho internacional quedo manoseado y desarticulado. Aunque hoy haya aires de paz, el mal está hecho y es indescifrable en el rumbo de la civilización. Por su oscuro tejemaneje de antes y por el genocidio de hasta ahora, Netanyahu tendrá que responder ante propios y extraños.

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