Varias décadas atrás Cabecera, como Sotomayor, Bolarquí y tantos otros, era un barrio residencial con algunas tiendas minoristas, cafeterías y peluquerías, pocos edificios sobre la carrera 33 y tráfico mediano, hasta que el Centro Comercial Cabecera empezó a cambiar la realidad local, luego creció progresivamente en altura densificando la zona, generando más actividad vial, comercial y de servicios. Fue una especie de gentrificación consentida, donde muchos propietarios vendieron o rentaron sus casas y entre comerciantes y urbanizadores modificaron la estructura vital del barrio.
Hoy la mezcla de usos y actividades es evidente. Su vocación otrora 99% residencial ahora con usos múltiples, deberá ser uno de los temas más relevantes que tendrá que solucionar el nuevo ordenamiento territorial en Bucaramanga. El conflicto permanente de residentes con las actividades de entretenimiento nocturno y el desorden urbano generalizado tiene que ser solucionado y no llevarlo al escenario simplista de disputa entre el derecho al trabajo y el derecho al descanso. No es posible que los argumentos válidos de los vecinos que reclaman tranquilidad sean opacados por una inexistente lucha contra la empresa privada, pues la realidad indica que, hay un deterioro creciente de la convivencia y la seguridad en la zona, con lamentables episodios que han cobrado vidas y afectado el patrimonio y la salud de muchos.
En todas las ciudades del mundo existen áreas de actividad nocturna intensa que no se mezclan en proximidad con las residencias y zonas de actividad económica moderada que tienen toda la posibilidad de ser integradas. Unas y otras son fuente de empleo e ingresos. Por eso, es necesaria la autoridad territorial que reglamente aquellas que podrían mantenerse en Cabecera y haga cumplir reglas de convivencia e identificar las que deberían reubicarse, con mejores servicios complementarios para su conveniencia. Siendo esta la discusión para el POT, no es viable desatender las voces desesperadas que exigen ya más control sonoro, de tránsito, de espacio público y presencia policial para evitar riñas, consumo de drogas, prostitución.
No es ese el único dolor de Cabecera, pero si el más intenso. También la inseguridad a cualquier hora del día exige mayor atención y la informalidad en sus calles es el reflejo de la situación general de la ciudad donde un indicador del 45% evidencia que aún tenemos un enorme espacio de mejora en la estructura económica local. Un plan andenes es necesario, la ruta del reciclaje y las zonas de parqueo son oportunidades para aplicar.
Hemos visto muchos videos y acciones intermitentes que no son soluciones reales. El problema continúa. Seguro hay mejores ideas si la actitud es colaborativa y empática para definir un plan realizable y medible que sea prioridad para la autoridad municipal.










