El afán de revancha, reconocido motor de guerras y divisiones, vuelve a tomar fuerza en el mundo contemporáneo. Andrea Rizzi, periodista de El País, advierte que la globalización, el cambio climático, la revolución que está provocando el advenimiento de la inteligencia artificial y la podredumbre moral han desatado resentimientos acumulados que definen esta época de turbulencia y fractura.
En su libro La era de la revancha, el destacado corresponsal de Asuntos Globales en el diario español sostiene que los regímenes autoritarios de Rusia y China desafían el poder occidental, mientras que en las democracias crece el desencanto de las clases menos favorecidas. Ese malestar, alimentado por la desigualdad y la desconfianza en las instituciones, se ha convertido en terreno fértil para el populismo. Demagogos que capitalizan la frustración colectiva y prometen reivindicaciones en nombre de los olvidados, erosionan la deliberación democrática y polarizan aún más a las sociedades. Líderes de ideologías opuestas han hecho suya la consigna que le permitió a Trump acceder por segunda vez a la presidencia de los Estados Unidos: “Para todos aquellos que habéis sufrido abusos o habéis sido traicionados… yo soy vuestra venganza”.
El caldo de cultivo es evidente: millones de individuos viven con la sensación de retroceso, precariedad y pérdida de rumbo, al tiempo que las élites se benefician de un sistema que las mayorías ya no sienten como propio. A nivel global, el mundo se fragmenta en bloques irreconciliables; y en el ámbito interno, el caudillismo reemplaza la razón. Cuando el juicio personal se debilita, el pensamiento crítico se apaga y los pueblos avanzan, cual banco de peces, en un salto al vacío. Frente a esa realidad, la rebelión necesaria no es la de los extremos, sino la de la conciencia. Es preciso romper las redes de manipulación que nos atrapan y nos empujan a reaccionar sin reflexión, arrastrados por las plataformas digitales a la visión angosta del “ellos contra nosotros”.
Universidades, medios y comunidades científicas tienen hoy la responsabilidad de aclarar la verdad de los hechos, de explicar con claridad lo que ocurre y de reconstruir la confianza social. Solo así evitaremos que la humanidad siga gravitando, según apreciación de Rizzi, “en un remolino colosal que succiona hacia un abismo oscuro: la era de la revancha”.
Esquirla. El otorgamiento del Premio Nobel de Paz 2025 a María Corina Machado trasciende las fronteras venezolanas. Es un reconocimiento a la valentía cívica frente a la opresión y una voz de aliento para quienes, en toda Latinoamérica, siguen creyendo que la libertad y la democracia son causas que merecen ser defendidas sin claudicaciones.










