Santander no quedó por fuera del CONPES por castigo, sino por algo más difícil de aceptar: no hemos sabido gestionar técnica y políticamente los recursos nacionales.
El 29 de septiembre de 2025 se aprobó el CONPES 4161: “Declaración de importancia estratégica de los proyectos que hacen parte del programa Vías para la Paz”. Curiosamente, ningún proyecto corresponde a Santander.
Me aíslo de posiciones políticas para realizar esta reflexión, procurando no ser ingenuo.
¿Por qué estamos excluidos? Según el CONPES, los criterios de priorización son: cierre de brechas históricas, aportes a la paz territorial y alto beneficio social por peso invertido. Objetivamente, territorios como Pacífico, Catatumbo, Guajira, Amazonía, sur del Cauca y La Mojana cumplen en mayor medida esos criterios. No es equitativo en función de lo que aportamos y representamos los santandereanos, pero sí coherente desde una perspectiva de justicia territorial: primero acceso, luego mejoramiento. Santander ya accede; hoy otros permanecen aislados. Que la Nación cumpla criterios de justicia territorial no la exonera de su obligación de continuidad y cierre responsable frente a proyectos ya iniciados en Santander.
¿Por qué nuestros proyectos están inconclusos y desfinanciados? La Variante de San Gil, la vía Curos–Málaga y la Transversal del Carare llevan 8, 10 y 12 años iniciadas, sin cierre financiero y con diseños o estructuración parcial.
La causa raíz de tener obras iniciadas, paralizadas y desfinanciadas no es la Nación: somos nosotros. El deber ser de un proyecto es estructurarlo técnica, ambiental, jurídica y financieramente antes de iniciarlo.

En Santander los hemos gestionado como “hechos políticos” antes de estar integralmente asegurados. Se anuncian, se abren frentes, pero sin plan financiero, contractual ni fuente de pago asegurada. Eso produce comienzos parciales y finales abiertos. No los hemos gestionado como “proyectos de competencia nacional con defensa técnica”, sino como solicitudes de voluntad política, lo que los deja sin participación cuando compiten frente a ideologías y/o priorización con otras regiones.
Desafortunadamente, los corredores viales de estos proyectos tienen bajo Tráfico Promedio Diario (TPD) para un financiamiento privado (difícilmente cubriría CAPEX y OPEX; en algunos, ni siquiera el OPEX de una concesión). No será fácil, pero saldremos fortalecidos. Las partes interesadas debemos entender su importancia social y competitiva, así como la indispensable priorización entre ellos para atenderlos uno por uno y no tener múltiples frentes fallidos a perpetuidad. Y, en paralelo, exigir con determinación a la Nación el cumplimiento de los compromisos adquiridos.
Esta reflexión nos debe llevar a evolucionar hacia una región financieramente autosuficiente y con máximo rigor en la estructuración de proyectos. O seguimos gestionándolos desde la emoción y el anuncio, o empezamos a hacerlo desde la estructura y la dignidad fiscal.
“La dependencia es una forma silenciosa de dominación.” Paulo Freire










