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Miércoles 29 de octubre de 2025 - 01:00 AM

¿Gusto o necesidad?

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A las personas y a las ciudades les pasa casi lo mismo: ambas experimentan procesos desde el deseo de evolución y progreso. Y, sin embargo, muchas veces no tienen claro lo que es esto último. Las ciudades y las personas crecen, cumplen años, envejecen; se llenan de asuntos pendientes, se renuevan, ponen una mejor cara y celebran. Y como parte de la organización social y política —propia de nuestra especie— las personas como las ciudades están destinadas a escuchar, constantemente, propuestas que harán viable tanta evolución y progreso… Volviendo a la realidad, al no tener claro cómo gobernar, en el caso de una ciudad, o cómo gobernarse, en el caso de una persona, es cuando, una vez más, las personas y las ciudades se parecen.

Las personas no se quedan a vivir en una ciudad simplemente porque hayan nacido allí, o porque no tengan otro lugar a donde ir, ni los medios para hacerlo. Existe un componente abstracto que promueve el arraigo y que siembra una invisible motivación. No se sabe si uno quiere a su ciudad por gusto o necesidad. La relación que uno entabla con su ciudad depende de varios factores, muchas veces contradictorios entre sí; puede ser la prolongación de la relación que tenemos con nosotros mismos.

Los años pasan y las formas se alteran; el panorama se comprime porque las calles se congestionan, mientras que la capacidad ocular de los transeúntes se reduce, a medida que se van haciendo mayores. Nuevos edificios se levantan y un patrimonio arquitectónico pide a gritos ser preservado, vinculado y reconocido por las nuevas generaciones. Los parques reclaman volver a ser parques, siempre y cuando el verde le gane al cemento. Las paredes ya no solo albergan pintura en deterioro, sino también la colorida obra de artistas visuales y grafiteros con sus mensajes y creaciones en lugares estratégicos. Se multiplican los lugares de esparcimiento, arte y cultura gastronómica. Todo lo que las nuevas generaciones de bumangueses quizás asumen como algo permanente, pero que otros no alcanzaron a disfrutar, durante su juventud, en la Bucaramanga de entonces.

Sin embargo, cada generación llevará en su memoria algo especial de la ciudad que conocieron, como es el caso de Igsabelar: la ruta de bus que durante la década de los noventa facilitó la vida a estudiantes y trabajadores que se desplazaban por sectores muy distantes entre sí. Esta ruta, que regresó desde el 2020 con modificaciones, ha despertado nostalgias y tributos como el circuito artístico literario Igsabelar: una mirada creativa del colectivo Casa Harsha. Consulte su programación en el artículo “Así regresa la ruta Igsabelar a Bucaramanga”, de vanguardia.com y participe de esta experiencia que integra generaciones y espacios de Bucaramanga.

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