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Miércoles 29 de octubre de 2025 - 01:00 AM

¿Y las obras de encauzamiento del Río Magdalena, para cuándo?

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Hace unos días, el Ministerio de Transporte anunció una inversión de $248.633 millones para 2026 con el fin de garantizar la navegabilidad y competitividad del río Magdalena. Una noticia que, en principio, se recibe con satisfacción y optimismo. Sin embargo, al revisar la distribución de los recursos, el panorama cambia un poco: $116.257 millones se destinarán al canal de acceso al puerto de Barranquilla; $40.853 millones al canal navegable Barrancabermeja–Barranquilla; $14.500 millones al Brazo de Mompox, y el resto se dirigirá a labores de seguimiento ambiental, seguridad fluvial, modernización de equipos y operación del río. Y es justamente eso lo que llama la atención.

Si bien la inversión es significativa y refleja compromiso del Gobierno Nacional con la infraestructura fluvial, pareciera que, para la Nación, la prioridad del Río Magdalena estuviera en el Caribe colombiano. Barranquilla, sin duda, es estratégica para el comercio exterior y merece atención; pero si hablamos de la navegabilidad del río Magdalena, la visión debe ser integral y de largo plazo, con obras que atiendan las causas estructurales y no solo los efectos.

El río Magdalena no es solo la puerta al mar: es una arteria que conecta regiones, sostiene economías locales y representa una oportunidad de desarrollo para el centro del país. Sin embargo, intervenciones estructurales que requiere el canal Barrancabermeja–Barranquilla, como las obras de encauzamiento, siguen sin recibir la atención suficiente. Según estudios preliminares de Cormagdalena, esta intervención permitiría reducir hasta en un 40 % las labores de dragado anuales necesarias para mantener el paso de embarcaciones, generando ahorros significativos en los recursos públicos y mejores condiciones de navegabilidad.

La ausencia de estas obras ha limitado la competitividad de este tramo y hoy pone en riesgo la operación del puerto fluvial de Barrancabermeja, considerado el más moderno de Latinoamérica. Paradójicamente, mientras se busca evitar una crisis logística y económica por el deterioro del canal de Barranquilla -como lo mencionó la Ministra-, en el Magdalena Medio ese impacto ya se siente: la pérdida de navegabilidad afecta el empleo, la inversión y el desarrollo de una región que ha apostado por el río y la intermodalidad como ejes de su presente y futuro.

La solución no está en restar a un lado para sumar al otro, sino en garantizar una asignación equitativa de los recursos que permita intervenciones estratégicas a lo largo de todo el canal. El río Magdalena es una sola autopista fluvial, y su competitividad dependerá de que fluya completa, no fragmentada. De lo contrario, el sueño de convertirlo en el gran eje logístico del país seguirá varado en la mitad del camino.

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