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Jueves 30 de octubre de 2025 - 01:00 AM

El iluminado

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Desde que Nixon declaró en los años setenta la “guerra contra las drogas, la solución estaba ahí. En nuestras narices. Pero no la vieron ni los expresidentes Cardoso, Gaviria y Zedillo en su famosa carta de 2018. Tuvo que llegar el enrojecido presidente Trump, el más macho, el mejor presidente de la historia; quien no solo está arreglando Estados Unidos sino dándole ejemplo a los demás gobernantes del mundo para que vean como es que se hace.

La tiene clara. El narcotráfico no se resuelve con inteligencia, con lo que los académicos llaman multilateralismo, con Estado de derecho y políticas de prevención. No señores, se arregla a cañonazo limpio como lo está demostrando desde comienzos de septiembre.

Solo alguien como él, podría tener la astucia para darse cuenta que había que hacer a un lado a la DEA y al FBI y dejar en manos de los militares el asunto. ¿Cómo? Fácil, declarando una nueva guerra al terror que no se librará en Medio Oriente sino en Latinoamérica y el Caribe. Al fin y al cabo, para él y su gente el problema somos los latinos.

Sabe bien que una mentira dicha mil veces en redes sociales, se convierte en una verdad; lo ha hecho en sus dos “grandiosos” gobiernos. Así que poco importa que el Tren de Aragua y el Cartel de los Soles, el primero un grupo carcelario basado en la extorsión que se expandió desde Venezuela usando los corredores migratorios hacía Chile, Colombia o Perú; y el segundo, ese “archipiélago” de redes militares y policiales que compiten entre sí, sin ningún mando centralizado, no amenacen la integridad territorial estadounidense, sus infraestructuras estratégicas, sus instituciones políticas o preparen acciones terroristas contra su población o sus fuerzas armadas. Son una “amenaza a la seguridad nacional “y punto.

Además, sirven de excusa para que pueda eludir controles democráticos y hacer del uso de la fuerza la regla; al tiempo que controlar los recursos estratégicos de una región que “no necesita otra potencia imperial” como diría su antiguo Secretario de Estado.

El gran problema es que esta nueva guerra al terror deje en nuestro vecindario los “grandiosos resultados” que vimos hace dos décadas en Irak o Afganistán.

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