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Columnistas
Sábado 01 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

El choque de egos y el riesgo nacional

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Las acusaciones de Donald Trump contra Gustavo Petro, llamándolo “líder del narcotráfico”, “matón”, “mal tipo”, han demostrado algo revelador: que los insultos, salvo a sus seguidores, no han despertado la solidaridad masiva de los colombianos ante un ataque externo en contra de un símbolo nacional.

¿La razón? Porque, aunque las acusaciones de Trump son evidentemente insostenibles, muchos colombianos ven la realidad: un gobierno negligente que permite el crecimiento de los cultivos de coca, que frena extradiciones y que negocia la “Paz Total” con grupos que, irónicamente, se financian del narcotráfico. Y, aunque se aplaude la incautación, se critica el haber abandonado la erradicación manual.

El ataque de Trump, que además vino con amenazas de aranceles e inclusión en la Lista Clinton, es la respuesta de un ego herido por las reiteradas provocaciones de Petro, que las utiliza con el propósito de hacerse notar para ser reconocido como un líder mundial de la izquierda. Y para lograrlo necesitaba un antagonista y que mejor que Trump, otro megalómano como él. Eso explica la crisis de las deportaciones; su locuacidad en el mitin en Nueva York pidiendo a las fuerzas armadas desobedecer a Trump; el apoyo incondicionalmente a Palestina al punto de ofrecer tropas; la crítica al cerco naval a Venezuela; llamarlo asesino por el bombardeo a embarcaciones en el Caribe y del Pacífico, así como incentivar movilizaciones violentas contra su embajada.

La verdad, Petro provoca, Trump responde. Y en esa pelea de egocéntricos, ambos se olvidan de los principios básicos del derecho internacional: respeto por la soberanía y la no injerencia. Pero la soberbia y el exceso de protagonismo de los dos les impide dialogar o utilizar la diplomacia como canal oficial, para preferir, con discursos pendencieros, la retórico del “me da la gana”, poniendo en riesgo una relación histórica y, peor aún, el 30% de las exportaciones, entre ellas las de Santander que están en alza.

Lo más grave es que las consecuencias de sus impertinencias no la sufren ellos, sino que van a recaer directamente sobre los campesinos, empleados y empresarios que son los que sostienen la economía del país. Y todo porque esta crisis es más personal que entre Estados.

Ahora, es claro que la crisis ha sido premeditada. Petro necesita de la polarización para fortalecer su narrativa de que la izquierda debe conservar el poder en el 2026, objetivo que quiere lograr cohesionando a los suyos bajo la bandera de la “soberanía”, la “dignidad nacional”, para ocultar el fracaso en la gestión interna.

Ante tal actitud, solo queda decirlo fuerte y sin miedo: nadie tiene derecho a poner en juego el presente y el futuro de los colombianos solo para salvar su proyecto político.

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