Hoy quiero compartir una percepción que surgió en la Mesa de los Santos. Estos días ha amanecido especialmente hermosos: el verde que nos rodea, el reflejo del sol sobre el espejo de agua y la sensación de vida que todo esto transmite invitan a la meditación y a la gratitud por el simple hecho de vivir.
Al parecer, habitamos un mundo lleno de dudas, pero sobre todo de actitudes. Esto no es exclusivo de los seres humanos; es parte de la vivencia misma. Recuerdo, por ejemplo, una reunión de columnistas de Vanguardia en el Club Campestre hace algunos meses. Allí recordábamos al voceador del periódico que, en su momento, gritaba: “¡Vanguardia con el retrato de la víctima!”.
Quisiera aprovechar para reflexionar sobre la forma en que los medios de comunicación nos presentan la realidad. Pareciera que la noticia solo vale si tiene una carga negativa. En la radio, la música de suspenso anuncia el “extra”; en la prensa, los titulares destacan el conflicto o la tragedia. El Tiempo, nuestra querida Vanguardia y muchos medios extranjeros caen en esa misma tendencia.
En nuestro diario devenir, en el contacto con amigos y conocidos, solemos escuchar respuestas muy particulares a nuestro saludo. Casi siempre, el interlocutor contesta “ahí vamos” —y no se trata de un lugar, sino de un estado de ánimo— o “ahí dándole”, que suele esconder alguna preocupación. Difícil no tener problemas, claro, pero parece que nos hemos acostumbrado a vivir en una corriente de pesimismo.
reo que es momento de virar hacia la noticia positiva, hacia aquella que inspire, que despierte el ánimo y el deseo de superación, no solo en nuestro entorno más cercano, sino también en nuestra región y en todo el país.
Una muestra de lo que es la pereza mental que le asiste a una comunidad región o país es la que le asiste a los ciudadanos colombianos en nuestra querida Colombia que es “por ahí vamos” es ver desde la barrera el futuro que nos asiste en donde la crisis y desgobierno que vivimos pueda continuar en el 2026, donde este desgobierno está preparado para continuar, si no despertamos del letargo que asiste a la ciudadanía no se pellizca, saliendo a caminar en las ciudades con entusiasmo para recuperar el camino perdido.
No está mal en ir pensando en un Juan Carlos Pinzon, lleva en su sangre la su padre el Coronel Rafael Pinzon y de su abuelo el coronel Roberto Pinzon; creación en los cuarteles militares, su formación académica y sus experiencia como el ministro de la guerra -según el ex Presidente Álvaro Uribe- puede ser el hombre que nos lleve a buen puerto.










