Las festividades y gastos de fin de año iniciaron con el importado Halloween que anuncia la Navidad, el Año Nuevo y los Reyes, para terminar con los primeros carnavales y empalmar con los conejitos y huevitos de Pascua. Vuelven para quedarse los derroches de disfraces, adornos y regalos con sus envolturas efímeras. Al mismo tiempo y de manera permanente, están las fluctuantes modas del buen vestir.
Las anteriores son costumbres y mandatos que disparan el consumo y generan excesivos gastos y desechos.
Ya se conocen los estragos de la “fast fashion”, “moda rápida” que incita a renovar su vestuario y accesorios de manera permanente, con ropa efímera, relativamente barata que genera grandes consumos de agua y materias primas sintéticas, con pocas posibilidades de reúso y difícilmente reciclables. Se multiplican los llamados a ir en contravía de esta moda ambientalmente nociva e insostenible, para adoptar hábitos de consumo responsables y amables con el ambiente. Se menciona la moda con propósito; incluyente y con conciencia social.

Un reel en Instagram advierte que “lo que da más miedo en Halloween no son los fantasmas, es el sobre consumo …”, cuando “el 30% de los disfraces solo se usan una vez” y que, por ejemplo, en el Reino Unido se tiran siete millones de disfraces a la basura después de la aquí llamada “fiesta de los niños”, que ya está generando miedo y muertos. Los disfraces se pueden alquilar, prestar, transformar, reutilizar, intercambiar. Los adornos se pueden confeccionar con desechos o elementos de la naturaleza y reutilizar en varias ocasiones.
No se trata de dejar de celebrar Halloween o Navidad y el Año Nuevo sino de hacerlo de manera consciente y responsable. Los disfraces se pueden modificar y reutilizar, los regalos no tienen que venir en múltiples envolturas de papel que van de una a la basura; se puede repetir vestido en varias ocasiones, se deben evitar los adornos de un solo uso y de plásticos tóxicos y poco reciclables.
Tampoco se trata de dejar de festejar, ni siquiera de dejar de consumir, solo de hacerlo con moderación y creatividad. Como dicen aquí, de no botar la casa por la ventana en cada piñata o fin de año. Aún no hiciera falta la plata, recordar y enseñar la fábula de “La cigarra y la hormiga” es cuestión de responsabilidad socio ambiental.

Antes de cualquier compra, para superar esta “tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios” llamada consumismo, es menester hacerse algunas preguntas de rutina como: ¿lo necesito? ¿para qué lo quiero? ¿qué pasa si no lo compro? ¿lo puedo comprar? Aceptar pensar más para decir ¡no más!
Para no ser una plaga más, el consumo debe ser pensado y limitado.










