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Sábado 08 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Adictos

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La afición al Internet, los videojuegos, las redes sociales y todo eso que desde un teléfono inteligente -embaucador-, portátil y móvil nos atrapa, está superando la barrera del simple mal hábito. Aunque la APA (sigla en inglés de la Asociación Americana de Psiquiatría)- todavía no tiene en su Manual de Trastornos Mentales (DSM-5) una categoría para la “adicción digital” en general, sí enuncia los juegos de Internet o en línea entre aquellos desarreglos que requieren más investigación.

Pasar de un hábito indeseable a una adicción - lo sabrán mejor los expertos- comporta una serie de síntomas (ansiedad en abstinencia, ausencia de control, uso del hábito como alivio o escape, deterioro de relaciones o rendimiento académico, etc.) que presentes en un plazo prolongado señalan un ‘patrón’, es decir, un problema conductual que no debe pasarse por alto.

No es que el teléfono nos haga “yonquis” (adaptación de la RAE, para señalar despectivamente a un adicto a drogas duras); ¿o sí? Una editorial española, llamada “Yonki Books” -no por casualidad-, publicó este año “El Capitalismo Límbico” del historiador David Courtwright, en el que se afronta una realidad muy actual: la explotación del placer de corto plazo como negocio, poniendo en el centro de la idea del cliente fijo al sistema de refuerzo intermitente (recompensa) como activador de dependencia. Pero el costo psicosocial para los individuos puede ser enorme. Es un sistema similar al de las máquinas tragamonedas que crean ludópatas: personas que pasan sus días evadiendo la ansiedad, la preocupación y en general la realidad; esperando el estímulo aleatorio de dopamina cuando la máquina escupe finalmente monedas y, adheridos a ese ciclo sin importar las consecuencias de su compulsiva insistencia.

La víctima del mal hábito digital, carga al victimario en el bolsillo, como el borracho a la botella, pero el adolescente pegado al teléfono cuenta además con la aprobación e incluso el estímulo de sus pares, es su boleto de entrada a la vida que desea: ser socialmente aceptado.

Nuevas problemáticas como el bullying digital, retos extremos con riesgo para la vida, atrofia de herramientas de interacción social; o el regreso con exaltación masiva de hábitos viejos como la prostitución, la pornografía, los juegos de azar y el consumo de drogas psicoactivas, se suman al hecho de que los teléfonos obtienen y acumulan datos del consumidor, con todo lo que ello implica para la identidad en formación de los adolescentes y su intimidad. Falta todo por regular: las plataformas, la protección de menores frente a la tecnología, y criterios de responsabilidad de la industria tecnológica con sus usuarios. Mientras tanto, acudir a los profesionales de salud mental para prevenir, sin perder la oportunidad que ofrece la tecnología.

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