La reciente decisión de la Unión Sindical Obrera (USO) de apartarse del presidente Gustavo Petro no es solo un hecho político o gremial. Es el síntoma de una fractura profunda entre la visión del Gobierno nacional y la realidad de una industria que, durante más de un siglo, ha sido el corazón energético, económico y social de Colombia.
La USO —que históricamente ha sido aliada de los gobiernos progresistas— se pronunció de manera contundente contra las recientes decisiones del Ejecutivo: el cobro retroactivo del IVA a Ecopetrol y Reficar, la propuesta de vender los activos del Permian en Estados Unidos y la demora en la expedición de licencias ambientales para proyectos estratégicos.
Desde el punto de vista técnico, estas medidas no solo generan incertidumbre financiera; también ponen en riesgo la estabilidad operativa de la empresa más importante del país. Y más allá de los balances, está en juego la sostenibilidad de regiones como la nuestra, donde la economía, el empleo y la inversión pública dependen, en gran parte, del buen desempeño del sector petrolero.
Respeto la visión del presidente Petro y su sueño de una Colombia más sostenible y menos dependiente del petróleo. Sin embargo, una vez más, una cosa es lo que se sueña y otra la realidad en la que vivimos. Los cambios no pueden ser abruptos ni construirse sobre el debilitamiento de la base productiva que sostiene al país y a Barrancabermeja.
Resalto la decisión de la USO al alzar la voz y defender la industria petrolera. Más vale tarde que nunca para reconocer que la estabilidad de Ecopetrol y del sector petrolero es una prioridad. No estamos para seguir en este juego de tensiones políticas mientras se pone en riesgo esta estabilidad, porque de ella depende buena parte de Colombia.
Más allá del debate energético, este es un momento para reflexionar sobre el rumbo del país. No podemos seguir moviéndonos entre apasionamientos ni filosofías que dividen. Debemos unirnos alrededor de un programa de gobierno serio, estructurado y realista, que priorice el bien común por encima de las ideologías.
Solo vamos a crecer en la medida en que pensemos en el país, en que avancemos sobre la base de la planificación y la estructura, y no desde la improvisación ni la emoción.












