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Sábado 15 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Colombia, EE. UU. y la batalla por Venezuela

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En el libro ‘Nuestra Guerra Ajena’, del gran cronista Germán Castro Caycedo, se califica a la lucha contra las drogas impulsada por los Estados Unidos como “una guerra con el pretexto del narcotráfico, pero en realidad, orientada a controlar a Colombia y al resto de los países amazónicos”, aspiración que lejos de aminorarse se ha acrecentado.

A propósito de los ingentes recursos de la región y la necesidad de mantener el control sobre estos, Laura Richardson, exjefe del Comando Sur de los EE. UU. y asidua visitante de Colombia durante el gobierno de Petro, se hizo viral por unas declaraciones en las que resaltó la importancia estratégica de Sudamérica para los intereses norteamericanos y manifestó su preocupación por la creciente influencia de China y Rusia en lo que llamó “nuestro barrio”.

Con Trump 2.0, EE. UU. ha retomado el discurso de la fracasada lucha contra las drogas para usarlo como doctrina intervencionista, renovada con una marcada agresividad, propia de una potencia en declive a la que ya no le resulta útil el orden internacional y requiere hacer uso del unilateralismo para retardar su decadencia.

A instrumentos tradicionales de injerencia en los asuntos internos como la Lista Clinton o la Certificación, ahora se suman la calificación de terroristas para los carteles de la droga y los bombardeos a lancheros en el Caribe y el Pacífico, tácticas que más que reducir la oferta, le garantizan un control de los mares a la armada norteamericana.

En medio de ese ajedrez internacional se lleva a cabo una batalla por Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, grandes recursos como gas, oro, coltán y hierro, una enorme riqueza hídrica y una gran biodiversidad. En Venezuela está en juego mucho más que un cambio de gobierno, se trata del destino de casi 30 millones de personas, 2.8 de los cuales viven en nuestro país.

Sobre el gobierno de Venezuela, retomo las palabras del partido Colombia Soberana, pues “las villanías del Gobierno de Maduro no pueden justificarse con ningún ropaje” ( https://bit.ly/4hWLWno). Sin embargo, esto no justifica una intromisión extranjera, ya que para ningún pueblo que se precie de defender su independencia “resulta aceptable centrar las esperanzas de cambio en una intervención militar extranjera que tiene sus objetivos en el control de recursos naturales estratégicos”.

Por su parte, los rifirrafes entre Trump y Petro, así como las simpatías de Petro con Maduro, no desvirtúan el rol de Colombia como peón o “aliado estratégico” de EE. UU. en la región. No en vano Benedetti afirmó que Petro actuaba como “canciller de Biden”.

Que el hermano pueblo venezolano solucione sus asuntos internos sin intromisión extranjera.

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