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Sábado 15 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Turismo para Santander

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Que Santander haya ingresado oficialmente al top 10 de los destinos más visitados por viajeros internacionales en Colombia es una buena noticia, pero también un recordatorio: el turismo no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado (o la ausencia) de decisiones estratégicas.

Con 28.545 visitantes extranjeros entre enero y septiembre de 2025, y un crecimiento del 9,8 % frente al mismo período del año anterior, el departamento empieza a consolidarse en los mapas globales.

El turismo es (y seguirá siendo) un motor económico fundamental. En Colombia representa el 2,1 % del PIB y genera cerca de 900.000 empleos directos, además de dejar $49,2 billones en ingresos durante 2024. Pero si queremos que Santander capte una porción mayor de este crecimiento, debemos reconocer nuestras debilidades estructurales. La primera, la más evidente y angustiante, es la infraestructura vial. No hay destino competitivo con carreteras en estado deplorable, y hoy Santander se moviliza entre derrumbes, cierres, taludes al borde del colapso y vías terciarias que parecen del siglo pasado.

El segundo obstáculo es la barrera idiomática. En un departamento que quiere atraer visitantes de Estados Unidos (principal emisor, con 24,4 % de participación), México (8 %) o incluso países europeos como Polonia —cuyos flujos vienen creciendo—, es insostenible que el dominio de una segunda lengua siga siendo marginal entre quienes trabajan en la cadena turística.

La conectividad aérea es otro talón de Aquiles. Mientras regiones más pequeñas amplían rutas y promocionan su oferta, Santander depende casi exclusivamente de Bucaramanga y ve desaparecer oportunidades como la conexión con el sur del departamento. Hay que integrar Barichara, Socorro, San Gil y Vélez a una red turística real. Con carreteras en mal estado, el transporte aéreo es una necesidad económica, no un lujo.

Pero no todo es diagnóstico: también debemos plantear un camino. Para 2026, podríamos fijarnos metas concretas: Llegar a 40.000 visitantes extranjeros, con énfasis en mercados estratégicos; formar al menos 2.000 trabajadores del sector en competencias bilingües; establecer una estrategia conjunta de promoción entre Gobernación, alcaldías, gremios y operadores.

Y hacia 2050, la visión debe ser aún más ambiciosa: convertir a Santander en el destino integral más reconocido del oriente colombiano, articulando naturaleza, aventura, cultura, gastronomía, patrimonio histórico y turismo de bienestar. Un territorio que combine sostenibilidad, accesibilidad, infraestructura moderna y una oferta turística de talla mundial.

Santander ya demostró que tiene el encanto. Le falta demostrar que tiene el plan. Si abordamos con seriedad estos retos, no solo seguiremos escalando posiciones, sino que convertiremos al turismo en un verdadero motor de bienestar para miles de familias. Porque en un departamento de montañas indómitas y talento inagotable, el potencial no está en duda: lo que está en duda es nuestra capacidad de tomar decisiones… y tomarlas a tiempo.

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