¿Habrá a estas alturas algo de lo que no se pueda hablar? Saber callar es un privilegio demasiado personal. Algo muy distinto es no saber expresarse con palabras acertadas, haciendo que al final el mensaje no sea bien recibido. Otra cosa es lo que a la gente no le gusta escuchar y no quiere que le digan. Sin lugar a dudas, la comunicación es una de las cualidades humanas que puede simplificar o complejizar la vida al mismo tiempo: es casi imposible saber si lo que uno dijo fue lo mismo que le entendieron…
Una norma social es que cada tema tiene un lugar y un tiempo predilecto para ser conversado. “Mejor no hablemos de eso” o “ahora sí podemos hablar” son expresiones que se apoderan del espacio, creando una brecha que salva la armonía o pospone la tensión en las relaciones interpersonales.
Pero existe algo que diferencia la facultad de decir las cosas: quién y dónde lo dice. Y aquí no quiero callar lo que a muchos incomoda: es históricamente cierto que la sociedad acostumbra a escuchar algo —de manera desigual— cuando lo dice un hombre que cuando lo dice una mujer. Y lo diré en el tiempo preciso, pues por esta fecha se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Hablar de los problemas que afrontan las mujeres; las diferentes formas de violencia que han soportado y que siguen resistiendo, pareciera un tema aislado, remitido a datos y estadísticas. Sin embargo, en la realidad que compartimos hombres y mujeres, es necesario que cada vez más hagamos incuestionable el protagonismo de la mujer en la vida, la sociedad, la cultura y en cualquier instancia de creación humana.
La sociedad se ha construido haciendo de la mujer un objeto. Se ha pasado de concebírsele como un ente de servilismo a un agente erotizado; incluso cuando se le intenta dignificar, o acude alguien en su defensa, nuevamente se le reduce a un objeto. Se le infantiliza aun cuando dejó de ser niña, se le insinúa que parezca una santa; se le define y valora por como luzca, por “la pinta” que lleve.
En lo que queda del año, mujeres artistas de Bucaramanga nos mostrarán en diferentes formas de expresión, hechas con sus manos y con el alma, esas realidades que viven. En la tarde de hoy, Yeilerth Romero presenta su obra Tras las puertas, en el auditorio del Parque del agua, mientras que en el Museo de Arte Moderno se presenta la exposición Ahí están pintadas. Estos eventos extienden la invitación a habitar desde los sentidos y la imaginación esos momentos donde las mujeres se reconocen como sobrevivientes.












