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Lunes 01 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

¿Usted votaría por usted?

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Hay preguntas que incomodan. Pero esta no incomoda: desarma.

¿Usted votaría por usted?

No por su candidato favorito, ni por el líder que sigue en redes, ni por quien promete salvar la ‘Ciudad Bonita’. Por usted. Por la persona que es cuando nadie lo está viendo. Por la forma en que habla, actúa, cumple, o no, lo que promete y cómo trata a quienes dependen de usted.

Si usted fuera candidato, ¿se elegiría? Somos implacables juzgando a los políticos. Les revisamos el pasado, las alianzas, los silencios y hasta las fotos viejas. Pero rara vez aplicamos ese mismo nivel de exigencia a nuestra propia vida. Pedimos honestidad, pero ¿siempre decimos la verdad? Reclamamos disciplina, pero ¿cuántas veces aplazamos lo importante? Queremos coherencia, pero ¿actuamos igual en privado que en público?

La verdad es incómoda: les pedimos a los demás una perfección que no exigimos en nosotros mismos.

Decimos que votamos “con la razón”, pero casi siempre lo hacemos con el corazón, con la rabia, con el miedo o con la ilusión. Votamos por quien “nos cae bien”, por quien nos parece cercano o por quien nos dice lo que queremos oír.

Votamos apoyados en los impulsos más que en los argumentos. Y es comprensible: somos humanos. El problema es creernos completamente racionales cuando, en realidad, somos profundamente emocionales.

En Bucaramanga, además, tenemos un mito peligroso: el del alcalde salvador. Ese líder que supuestamente arreglará todo lo que está mal, como si pudiera corregir décadas de comportamientos individuales acumulados hasta volverlos cultura.

Esperamos milagros desde arriba, olvidando que la transformación real empieza abajo: en la casa, en la calle, en el trabajo, en la forma en que cada uno asume lo público.

Sí: un gobernante Bueno puede liderar, orientar y sumar. Pero ninguna ciudad se transforma solo desde el despacho municipal.

Se transforma cuando miles de ciudadanos cambian pequeñas conductas todos los días. Lo contrario también es cierto: un mal gobernante puede profundizar las debilidades.

Por eso, antes de decidir quién debe gobernar, quizá deberíamos mirarnos al espejo y preguntarnos: ¿Soy digno del voto que exijo?

Bucaramanga tiene un reto enorme: recuperar la cultura del respeto por las normas, por la autoridad, por las instituciones y por los demás. Para eso necesitamos un liderazgo Bueno acompañado de un programa pedagógico fuerte, como los que impulsó Antanas Mockus, que nos enseñe nuevamente las reglas básicas de convivencia. Su costo es bajo; su impacto, altísimo.

En este momento, el primer gran cambio empieza por el ciudadano. Y los “mangos bajitos” están ahí: nuestra conducta diaria.

PD. Las vías son suficientes si se respetan las normas, los impuestos son suficientes si se cumplen. Las normas están bien, la reforma que necesitamos es individual.

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