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Miércoles 03 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

El punto de quiebre silencioso para las mujeres

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Cumplir 40 años siendo mujer en Colombia hoy es, tanto una celebración personal, como un punto de inflexión donde convergen retos, realidades y logros concretos. Cifras recientes revelan una realidad en transformación, aunque todavía desigual.

Esta etapa llega con una fuerza distinta: más experiencia, resiliencia y, sobre todo, una comprensión profunda de lo que deseamos en términos de estabilidad, equilibrio y proyectos propios. Hemos acumulado aprendizajes, construido redes de apoyo, forjado talento y sostenido a pulso trayectorias personales y profesionales que antes eran menos accesibles. Esa madurez se convierte en una herramienta poderosa para exigir condiciones más equitativas, reivindicar espacios y construir con propósito.

Adicionalmente, las mujeres seguimos siendo el pilar silencioso que sostiene gran parte del funcionamiento del país, una realidad cuya trascendencia pasa desapercibida. De acuerdo con la Encuesta de Uso del Tiempo, un porcentaje altísimo de mujeres dedica la mayor parte del día al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Esa labor invisible, como el cuidado del hogar, familias y vínculos, no solo mantiene en pie a millones de personas, sino que también es un testimonio de nuestra capacidad para sustentar, amar y persistir.

Pero la cuarta década trae consigo algo más: claridad. A esta edad negociamos mejor, ponemos límites con menos culpa y reconocemos nuestras necesidades con más firmeza. Somos una generación que creció quebrando silencios, abriendo sendas antes inexistentes y exigiendo conversaciones impostergables sobre equidad, corresponsabilidad y dignidad. Somos conscientes de que el bienestar propio no es un lujo: es una necesidad básica.

Contrario a lo que tantas veces se dijo, los 40 no representan una crisis. Son una oportunidad, una invitación a reclamar nuestro tiempo, redistribuir la carga, exigir políticas de cuidado y reconocer el valor inmenso de las mujeres que sostienen este país sin buscar elogios. Llegar a los 40 es comprender que aún estamos a tiempo, de reinventarnos, cuidarnos e insistir en que merecemos una vida justa, plena y verdaderamente propia.

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