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Sábado 06 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

Mi opinión de las atípicas (II)

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Las elecciones atípicas en Bucaramanga siguen dejando más preguntas que certezas. La contienda está llena de nombres diversos, historias distintas y un clima electoral que se mueve entre el desencanto y un genuino deseo de renovación. Sin embargo, si algo nos enseñó el reciente debate, es que no todos los aspirantes parecen estar a la altura del momento político que vive la ciudad.

El caso más evidente fue el de Rubén Morales. Resulta difícil entender cómo alguien puede lanzarse a la alcaldía de una ciudad del tamaño y complejidad de Bucaramanga sin un mínimo de preparación sólida. Su intervención en el debate fue desconcertante por no decir tétrica: ideas sueltas, afirmaciones sin sustento y una narrativa jurídica improvisada, alejada del rigor que exige una contienda democrática. Creo que hace mucho tiempo no se veía un candidato tan desubicado. Honestamente, una vergüenza.

En el otro extremo encontré gratas sorpresas. A Juan Manuel González lo había mencionado previamente con cierto escepticismo, al punto de preferirlo narrando partidos en Win. Pero sería injusto no reconocer sus virtudes: claridad conceptual, buen tono, capacidad para atraer voto de opinión y un criterio sereno que lo asemeja, en estilo, a las mejores facetas del rodolfismo político: espontáneo, directo y con una narrativa que conecta. No me sorprendería que, en un escenario menos fragmentado, pudiera convertirse en un actor determinante.

Humberto Salazar me sorprendió para bien. Tiene una oratoria sólida, argumentos construidos con rigurosidad y sensibilidad política, aunque su discurso se siente académico y, a veces, demasiado filosófico para el ciudadano del común. La política requiere pedagogía, cercanía, lenguaje claro. Si Salazar logra aterrizar su propuesta a un relato más cotidiano, podría convertirse en un referente relevante para futuras campañas.

Fabián Oviedo, Jhan Carlos Alvernia y Carlos Fernando Pérez me generan una reflexión distinta. Los tres son perfiles con experiencia, conocimientos valiosos y capacidad de incidencia. Pero, separados, diluyen el voto, fragmentan el electorado y reducen su alcance real. Si la política local no estuviera tan llena de egos y protagonismos, una unión entre ellos tendría un enorme potencial electoral y programático. No necesitan pensar igual, solo construir un enfoque convergente para la ciudad. ¿Qué esperan para unirse?

Sobre Portilla y Carlos Bueno cabe mencionar diferencias notorias. Portilla, más allá de los cuestionamientos públicos, tiene una notable capacidad de sostener su narrativa. No se inmuta, responde con solvencia y maneja bien la presión, aunque sigue pareciendo distante del ciudadano. Necesita mostrarse más humano, más cercano, menos institucional. Carlos Bueno, por su parte, es técnico, conoce los temas de ciudad, pero la verdad es que no tiene ni un centímetro de carisma. Parece preparado, pero poco cercano.

Al final, más allá de simpatías, Bucaramanga necesita liderazgo serio, propuestas claras y menos vanidad electoral. Merecemos una administración sin cálculos menores, sin egos ensimismados y con visión a largo plazo. Que sea lo mejor para mi ciudad.

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