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Domingo 07 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

Santander está entrando en un punto de inflexión

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Santander está entrando en un punto de inflexión. No es solo un cambio de calendario electoral: es un cambio de época. Se acercan decisiones simultáneas para escoger alcalde, Congreso y presidente, y este territorio —tan orgulloso, tan golpeado y tan resiliente— necesita un tipo de liderazgo distinto al que hemos normalizado. En Santander nos acostumbramos a elegir administradores de crisis, bomberos de turno, gerentes de contingencias. Y ya es hora de pensar en líderes capaces de transformar, no sólo de reaccionar.

Durante los últimos años, mientras la vida pública nacional se hundía en sobresaltos, Santander respondió como siempre: trabajando, produciendo, resistiendo. Pero esa misma capacidad de resistencia a veces se convierte en resignación, cuando en realidad esta región tiene la oportunidad —y la obligación— de ser ejemplo nacional de orden, competitividad y visión de largo plazo.

Por eso el debate que viene no puede quedarse en la politiquería de siempre ni en los cálculos de maquinaria. Elegir alcalde, representantes y presidente es una decisión estratégica sobre el rumbo de nuestra región. Y para tomar decisiones correctas se necesitan liderazgos con carácter y con método. Con sentido territorial, pero sin el encierro mental del localismo. Con identidad santandereana, pero con la capacidad de hablarle al país entero.

El país está cansado de los liderazgos ruidosos, reactivos, que gobiernan desde el impulso o desde el miedo. Santander ya no puede darse el lujo de entregar su destino a quienes se conforman con administrar los problemas mientras los desafíos estructurales se vuelven más profundos y urgentes.

Las próximas elecciones exigirán algo más: liderazgos que combinen conocimiento técnico, ética pública y coraje cívico. Personas que comprendan que gobernar no es improvisar, que representar no es agitar, y que dirigir un territorio implica construir consensos, incluso con quienes piensan distinto.

Habrá quienes intenten reducir el debate a una pelea de colores o de egos. Otros buscarán imponer el miedo como método o la propaganda como sustituto de las ideas. Y habrá quienes pretendan acumular poder como si la democracia fuera una forma de propiedad privada. Pero los santandereanos sabemos reconocer cuándo se busca gobernar desde la soberbia y cuándo se gobierna desde el propósito.

El país nos observa. Santander, que tantas veces ha abierto camino, no puede fallar. Nuestro papel en las próximas elecciones será demostrar que esta región —que un día lideró la independencia y otro día la industrialización del oriente— sigue teniendo la fuerza para orientar al país hacia un futuro más estable, más justo y más productivo.

Santander no necesita promesas estridentes ni proyectos personales. Necesita un liderazgo firme, honesto, preparado y capaz de unir. Y ese liderazgo, si lo exigimos con seriedad, volverá a surgir en esta tierra.

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