Y lo hicieron los de una comunidad que supuestamente alaba a Dios. Todos van a la misma iglesia, todos invocan al Santísimo, pero la realidad es que a quien realmente “adoran” es al becerro de oro. Tiene más consistencia una gelatina que esos falsos “pastores”. Otra iglesia como esa del “Manantial del amor”, amor por el dinero y los negocios.
Lo del alumbrado navideño, insistimos, lo demuestra: un saqueo descarado a la ciudad y a sus habitantes por parte de sujetos inescrupulosos que todo lo quieren volver negocio, desde un cargo hasta una bombilla, desde una ofrenda hasta un contrato —y si es navideño, mejor—. También les gusta la chatarra.
Está demostrada por Vanguardia este domingo, la corrupción de esas iglesitas, así como su maquinaria para robar; y el exalcalde, que debería salir a dar la cara por eso, no dice ni mú. Solo aparece para recetarnos otro pastor, porque con dos años no fueron suficientes para vaciar la ciudad.

Rodeados de aduladores y bodegas, gobiernan de la peor manera posible y nos entregan una ciudad hecha un desastre. Por eso, solo esperamos que el que elija la ciudadanía el próximo 14 de diciembre sea realmente una persona honesta, inteligente, decente, creativa; alguien que no trabaje para un grupo ni partido, que no entregue las secretarías del municipio a los concejales, ni a los tragafortunas, ni a los contratistas, ni a los que lo apoyaron con dinero.
Por eso, repetimos, es necesario poner la veladora, para que logremos elegir a una persona interesada en lo general y público, y no en lo particular y privado. Alguien a quien, por lo menos —es poco—, le preocupe la cultura ciudadana. Necesitamos una persona sensata y lúcida, alguien que lidere el cambio de la ciudad hacia la modernidad y nos encuentre como el escudo: “entre montañas”.
No elegimos solo un nombre: elegimos si seguimos hundidos en lo mismo o si, por fin, recuperamos la dignidad de esa ciudad que fue una de las primeras y más bellas de Colombia.

Nota: En Expoartesanías se encuentra la Colombia real, la de las manos que realizan oficios, la de los dedos que tejen mantos que parecen alfombras mágicas; hay muebles sólidos, tejidos perfectos, orfebrería maravillosa que elaboran con pasión muchas manos de los colombianos que luchan por hacer más digno y pacífico nuestro país, donde los ríos bajan todavía con sangre.
Es grato ir porque significa entrar en este mundo donde la gente construye sueños y mantiene su confianza en el futuro difícil, pero que puede tornarse diferente si se llena con las mariposas amarillas de Macondo que es Colombia y sus miles de rostros. Mi país adorado.










