Le escribo esta carta abierta el día siguiente de su elección atípica, consciente de que asumirá un gobierno distinto: más corto, más exigente, y paradójicamente, más libre. Esa libertad no proviene del poder, sino del tiempo. Y es del tiempo de lo que quiero hablarle.
Nuestra democracia, con todas sus virtudes, ha impuesto una presión implacable sobre quienes gobiernan: la obligación de mostrar resultados inmediatos, de inaugurar, de cortar cintas de obras visibles que se traduzcan en réditos políticos. La gestión pública se ha vuelto rehén de la inmediatez y del titular. Y cuando el corto plazo manda, el futuro se sacrifica.
Usted gobernará apenas la mitad del periodo habitual. Muchos verán en eso una limitación; yo prefiero verlo como una oportunidad atípica. Un tiempo insuficiente para construir grandes obras, pero más que suficiente para algo que Bucaramanga lleva años necesitando: planeamiento, articular un propósito común y diseñar un plan maestro que trascienda su administración.
Esta carta no es un reclamo, es una invitación.
Alcalde: No llegue con retrovisor, porque mirar hacia atrás consume energía sin construir futuro. No llegue con miopía, porque el día a día, si uno se descuida, nubla la visión de largo plazo. Llegue, más bien, con la sabiduría de entender que gobernar no es solo ejecutar, sino orientar.
Nuestra ciudad no necesita improvisaciones ni rupturas innecesarias. Lo que necesita, con urgencia, es que se ejecute lo que ya está planificado, que se cumple la ley y normas vigentes, y que se invierta el tiempo más valioso, el suyo, en lo que casi nunca se hace: pensar en grande y a largo plazo.

Usted puede ser el alcalde que, por no tener un compromiso programático, finalmente logre sembrar. El que convoque a la academia, al sector privado, a las comunidades y a las instituciones para construir una hoja de ruta seria, técnica y compartida. Un proyecto metropolitano que no dependa del color político del próximo gobernante, sino del compromiso colectivo con nuestro futuro. Prosantander, los gremios, la Cámara de Comercio y varias otras instituciones han trabajado en el planeamiento estratégico de la región. Es la base, nos ha faltado la voluntad política que la incorpore en la gestión pública, para cerrar la ecuación de largo plazo.
Y le digo algo más, sin cálculo político: si usted dedica este breve gobierno a planear con grandeza, la ciudadanía no solo lo agradecerá. Reconocerá en usted al líder que merece continuidad. Porque los resultados visibles se olvidan; pero las visiones que ordenan una ciudad perduran.
Alcalde: Un buen gobierno no se mide por lo que inaugura, sino por el futuro que deja sembrado. No en vano, “los árboles que dan mejor sombra son los que se plantaron hace tiempo”.










