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Sábado 20 de diciembre de 2025 - 08:25 AM

El mejor regalo

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Al momento de publicarse esta columna, ya casi será Navidad. Diciembre siempre invita a hacer pausas. A bajar un poco el ruido. A mirar el año con menos prisa y más honestidad. Y cuando uno escribe, esa pausa se vuelve casi obligatoria.

Durante muchos años tuve un anhelo silencioso: escribir en este espacio. No como un trofeo, sino como una forma de diálogo con la ciudad, con sus debates y sus preguntas. Lograrlo fue un privilegio que sigo asumiendo con respeto. Pero más allá de haber llegado, lo verdaderamente valioso ha sido quedarme, ser leído, sentir que estas palabras encuentran a alguien del otro lado. Ese honor —el de ser leído en estas páginas— es, sin duda, el mejor regalo que puedo recibir esta Navidad como columnista.

Escribir una columna no es solo opinar. Es exponerse. Es poner una idea sobre la mesa sabiendo que no todos estarán de acuerdo, que algunos pasarán de largo y que otros, con suerte, se quedarán un momento más. En tiempos donde todo es rápido, inmediato y desechable, que alguien se detenga a leer una columna de opinión sigue siendo un acto profundamente generoso.

Vivimos en una época donde opinar parece reducirse a atacar. Donde escuchar se ha vuelto un gesto raro. Por eso valoro tanto al lector que me lee con calma, que no busca confirmarse a sí mismo sino comprender, que no necesita estar de acuerdo para respetar.

No escribo para convencer a todos. Escribo para dialogar con quien todavía cree que las ideas importan, que el debate es necesario y que la palabra puede ser una forma de responsabilidad. Escribo para quienes entienden que pensar distinto no es una amenaza, sino una oportunidad de contraste. Cuando alguien lee con atención, incluso en desacuerdo, el texto ya cumplió su función: abrir una conversación, sembrar una duda o, al menos, interrumpir por un momento la comodidad o incomodidad de la vida cotidiana.

Por eso hoy no quiero cerrar con un cuestionamiento ni con una opinión destinada a la controversia. Ya habrá tiempo para eso. Hoy prefiero cerrar distinto. Cerrar con gratitud. Con una gratitud sencilla, sin adornos, pero profundamente sincera.

Gracias por leer cuando el tiempo escasea, por detenerse cuando todo invita a pasar de largo, por volver semana tras semana a estas líneas. Gracias por acompañar este espacio durante el año, por hacerlo suyo, por leer con atención —a veces con acuerdo, otras con distancia—, pero siempre con respeto.

¡Feliz Navidad!

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